La reciente decisión del Gobierno Nacional de incrementar las tasas arancelarias a productos provenientes de Colombia ha encendido las alarmas en el sector comercial y de seguridad. En un espacio de entrevista de Manavisión Plus, el abogado Francisco Estupiñán, exasesor del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos desglosó los riesgos de confundir la política comercial con la estrategia de seguridad criminal. Según el experto, lejos de asfixiar a las mafias, estas medidas podrían estar alimentando la "vena" más lucrativa del narcotráfico: el comercio ilícito.

-Abogado, usted fue asesor legal del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. ¿Qué tan efectiva es una medida arancelaria para forzar a un país vecino a combatir el narcotráfico o es una guerra comercial disfrazada?

Es una muy buena pregunta. Debemos iniciar entendiendo que la política arancelaria es totalmente distinta a la política de seguridad. Creo que el gobierno está confundiendo dos áreas que deberían comunicarse. Tratar de decir que una política arancelaria beneficia a la seguridad es totalmente incorrecto e incluso contraproducente. Es muy sencillo: si hoy tenemos una tasa del 30% que sube al 50%, lo que va a suceder en realidad es que va a incrementar el contrabando.

Esto no afecta al crimen organizado para nada; de hecho, estamos fomentando que sigan expandiendo sus redes porque hay más de 16 pasos irregulares entre Ecuador y Colombia. El contrabando no lo hace el ciudadano común solo; están metidas mafias y GDOs (Grupos de Delincuencia Organizada) que ven un negocio lucrativo en cigarrillos, licores y útiles escolares. El Estado deja de recibir tasas y ayudamos al crimen organizado a tener un mercado informal más alto.

-El gobierno indicó que la tasa de homicidios se redujo en un 33.3% la semana anterior y usó este dato para justificarse. ¿Cree que esto se alinea con la guerra comercial con Colombia?

La tasa de homicidios es un tema de análisis exhaustivo por organizaciones internacionales que ponen al Ecuador como uno de los países más inseguros de Latinoamérica, con tasas de 40 o 45 homicidios por cada 100 mil habitantes. Hay un incremento del año anterior a este año. El gobierno nos podrá decir una tasa, pero hay que analizar la realidad del día a día.

Necesitamos mecanismos de diálogo con nuestros vecinos. Yo tengo una idea sencilla: en vez de reuniones binacionales que solo son comunicación entre cancillerías, hay que crear equipos de tarea conjunta (policía, fiscalía, SRI y aduana) trabajando permanentemente en la frontera para controlar la seguridad y el contrabando. Sobre todo, compartir inteligencia aduanera; si no se comparte inteligencia, el país seguirá con los índices actuales. El tema arancelario no es la solución.

-¿Estaríamos frente a un efecto rebote? Al imponer aranceles altos, ¿no alimentamos irónicamente al crimen organizado dándole más espacio al comercio ilícito?

Exactamente. Es una medida contraproducente que va a aumentar la inseguridad y la corrupción. Al tener aranceles tan altos, habrá mucha corrupción para cruzar mercancías a bajo costo. Además, ¿qué pasa con el sector formal? La industria tendrá que buscar otros mercados como Perú, pero el costo del flete será mucho más alto desde países como Argentina o Chile.

¿Quién paga las consecuencias? Nosotros, los ciudadanos. Vamos a tener productos mucho más caros. El ciudadano se afecta por el precio elevado y la industria porque no podrá vender lo mismo, tendrá que reajustar personal y tendrá menos utilidad. No somos una potencia mundial como Estados Unidos para poner un 30% al resto de países y subsistir; nosotros solo tenemos dos fronteras y no tenemos ventajas competitivas en este tema.

-¿Existe evidencia técnica que demuestre que encarecer productos debilita las finanzas de un cartel o terminamos castigando al sector productivo formal?

No existe evidencia técnica que justifique que subir un arancel permita más seguridad. Al contrario, mientras más suben los impuestos, más sube el contrabando. Un ejemplo son los cigarrillos: tienen los impuestos más altos de la región y eso ha generado un sector informal de casi el 84%.

Lo que veo es que el gobierno está haciendo esto como una represalia hacia el gobierno colombiano por no tomar acción en su frontera sur. Pero la diferencia es enorme: una cosa es que lo haga Estados Unidos y otra que lo haga Ecuador. Colombia es un socio fundamental; mueven más de 2.800 millones de dólares anuales. Estamos haciendo un daño al tema de seguridad y a la política criminal.

-En EE.UU. se usa la sección 232 para imponer aranceles por seguridad nacional. ¿Ecuador intenta adaptar esta doctrina bajo el argumento de que el vecino no cuida la frontera?

La sección 232 del Trade Expansion Act de 1962 sanciona productos específicos, como el acero o aluminio, para proteger la defensa nacional. Pero no es comparativo; son volúmenes y realidades distintas. Me preocupa que en Ecuador no haya selectividad y se suba absolutamente todo. Donald Trump lo hizo para que la industria militar norteamericana usara su propio acero. La idea de aplicar esto de forma global a todos los productos al 30% o 50% es errada para nuestra realidad. Además, ya Colombia puso un proceso contra Ecuador en la Comunidad Andina para revisar estas tarifas.

-Donald Trump amenazó a México con aranceles si no detenía la migración y el fentanilo. ¿Ve en Daniel Noboa un calco de esa política? ¿Le funciona ese modelo a un país pequeño?

Personalmente, creo que tal vez se está identificando que es una política correcta, pero los análisis técnicos son claros: nunca va a mejorar la seguridad mientras tengamos aranceles altos. Es una idea totalmente errada. Nuestra realidad no nos permite ni un solo segundo mantener un arancel como el que está ahorita impuesto.

Ecuador no tiene las ventajas competitivas de una potencia mundial para decir "pongamos 30% al resto y subsistimos". Estamos confundiendo política criminal con política arancelaria y, al no haber sinergia entre las dos, vamos a tener problemas.

Francisco Estupiñán, exasesor del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos

-No puedo dejar terminar esta entrevista sin antes preguntarle, desde su experiencia en Seguridad Nacional de EE.UU., ¿qué lectura le da al conflicto tras el ataque de Irán? ¿Es el inicio de una guerra global que cambie las reglas del comercio?

Es un tema bastante crítico. Hay que diferenciar: asesinar a un líder religioso provoca un fanatismo y una revancha distinta a la de un líder político. Es como si en el mundo cristiano mataran a un líder de alto calibre; eso enfurece a las masas. Yo sí creo que va a haber una escalada de seguridad muy alta porque no se van a quedar satisfechos; buscarán atacar los intereses de Estados Unidos.

Aunque existían violaciones de derechos humanos impresionantes por años, no creo que una muerte fuera la salida ideal. Una intervención más medida hubiera sido lo adecuado. Ahora, Estados Unidos va a tener que extremar su seguridad y tener mucho cuidado con lo que suceda de ahora en adelante.