La vida de María Teresa Guerrero cambió radicalmente el 15 de abril de 2025, cuando fue diagnosticada con cáncer de ovario en estadio tres con metástasis. A un año de ese momento, la también presentadora no habla de una victoria definitiva, sino de una lucha que continúa con esperanza, según reveló en entrevista con diario EXTRA.
Un proceso que no termina
Aunque su último estudio de imagen salió limpio, Guerrero es clara en su mensaje: "El cáncer no se acaba cuando suena la campana". Su tratamiento sigue activo, con viajes cada tres semanas a Houston para recibir infusiones, además de medicación diaria y controles médicos rigurosos.
El camino hacia la remisión es largo y puede tomar al menos cinco años, un periodo en el que la vigilancia constante es clave para evitar recaídas.
El miedo que se aprende a manejar
La deportista reconoce que, tras el diagnóstico, cualquier dolor se convierte en una señal de alerta. Es una sensación que comparten muchos pacientes oncológicos y que forma parte del proceso emocional.
Sin embargo, ha aprendido a convivir con esa incertidumbre. "No tengo otra opción", asegura, evidenciando la fortaleza que ha desarrollado en este tiempo.
El deporte, su mayor aliado
Si hay un pilar que ha sostenido su recuperación, ese ha sido el ejercicio. "No te salva de tener cáncer, pero sí te ayuda a superarlo", afirma. La 'flaca' atravesó por otras enfermedades durante su tratamiento como influenza y COVID-19.
Aun así, su relación con la actividad física cambió por completo. Pasó de competir en exigentes pruebas como Ironman y correr hasta 20 kilómetros, a priorizar el descanso y el equilibrio. Hoy corre distancias más cortas, duerme más horas y se permite descansar sin culpas.
Un cambio de vida integral
El diagnóstico no solo impactó su salud física, sino también sus hábitos. Guerrero dejó el alcohol, optó por una alimentación basada en productos naturales y comenzó a cuidar su bienestar emocional.
Ahora filtra lo que consume a nivel informativo y emocional, evitando el estrés innecesario. "Aprendí a disfrutar la nada", reflexiona sobre este nuevo estilo de vida más pausado.
La actitud como herramienta de sanación
Uno de los aspectos más significativos de su proceso ha sido la forma en que decidió enfrentar la enfermedad. Durante la quimioterapia, optó por cambiar la percepción del tratamiento.
"La veía como un líquido dorado divino que me estaba sanando", recuerda. Esta actitud, acompañada de pensamientos positivos, coincidió con una reducción significativa de sus marcadores tumorales.
"Quiero quedarme aquí"
A pesar del miedo y la incertidumbre, Guerrero tiene claro su objetivo: seguir adelante. "Quiero quedarme aquí", confiesa, reafirmando su amor por la vida.
Su testimonio no solo refleja una lucha médica, sino también un proceso de transformación personal que hoy comparte como mensaje de esperanza para quienes atraviesan situaciones similares.