Por las calles de Chone todavía hay quienes recuerdan verla caminar con una pequeña funda en la mano. Iba de puerta en puerta, de oficina en oficina, reuniendo alimentos para los ancianos que esperaba alimentar ese día. Era una escena cotidiana, casi silenciosa, pero detrás de ella estaba la hermana Margarita McCarthy.
La religiosa irlandesa llegó a Manabí siendo muy joven y encontró en Chone el lugar donde desarrollaría gran parte de su misión. Durante más de 25 años trabajó desde la parroquia Santa María Bernarda, entregando su vida a quienes más la necesitaban.
La periodista chonense Yaira Marcillo la recuerda como una figura fuerte, decidida y adelantada a su tiempo. "Ella siempre decía que cuando ayudas a una mujer, ayudas a una familia", rememora. Aquella frase se convirtió en la brújula de su trabajo social.
La mujer que creyó en otras mujeres
Mucho antes de que palabras como empoderamiento femenino o sororidad se popularizaran, Margarita ya las practicaba en silencio.
Convencida de que el bienestar de una comunidad comenzaba por sus mujeres, impulsó la creación de la Fundación Nano Nagle, una organización que hasta la actualidad brinda atención a más de 300 mujeres víctimas de violencia intrafamiliar.
También promovió proyectos productivos que permitieron a muchas madres generar ingresos propios. Talleres de tejido, bordado y manualidades se convirtieron en espacios de aprendizaje, independencia económica y apoyo mutuo.
Su trabajo siguió el camino abierto años antes por la hermana Colette, otra religiosa muy querida en Chone. Juntas fortalecieron iniciativas que llegaron incluso más allá de las fronteras ecuatorianas.
Los tejidos, tarjetas y artesanías elaborados con materiales reciclados encontraron mercados en Europa. En determinado momento, aquellos productos elaborados por mujeres chonenses fueron exhibidos en embajadas ecuatorianas alrededor del mundo como ejemplo de emprendimiento comunitario.
Una vida entregada a los más vulnerables
Los ancianos ocupaban un lugar especial en el corazón de Margarita. Durante años veló por el bienestar del ancianato local y organizó redes de apoyo para garantizar alimentación y atención a quienes se encontraban solos o en situación vulnerable.
La Red de Comedores Populares y las Farmacias Populares también nacieron bajo su impulso. Eran respuestas concretas a necesidades urgentes de la población.
Quienes la conocieron recuerdan que vivía con sencillez en una casa rodeada de árboles y animales, en el sector Santa Martha. Desde allí planificaba jornadas de ayuda, visitas y proyectos sociales.
Su rutina comenzaba temprano y terminaba tarde. Siempre había alguien a quien escuchar, una gestión por realizar o una familia que necesitaba apoyo, recuerda Yaira Marcillo.
Su labor trascendió la asistencia social. Construyó confianza, fortaleció comunidades y enseñó que la solidaridad puede convertirse en una poderosa herramienta de transformación.
La hermana Margarita falleció hace unos años. Hoy, cuando se habla de liderazgo femenino, de derechos de las mujeres o de trabajo comunitario, muchos en Chone consideran que es imposible no recordar a aquella religiosa irlandesa que llegó desde lejos para quedarse en el corazón de la ciudad.