La historia del atún en Ecuador no comenzó con las empacadoras ni con los barcos industriales del siglo XX. Empezó hace miles de años, cuando las antiguas culturas asentadas en la costa del Pacífico descubrieron que el mar era mucho más que una fuente de alimento: era una vía de comunicación, comercio y supervivencia.

Desde entonces, la relación entre los habitantes de lo que hoy es Manabí y los recursos marinos definió el desarrollo cultural de toda la región.

Las primeras evidencias de esta conexión aparecen alrededor del 11.400 a.C. con la Cultura Las Vegas, considerada una de las sociedades más antiguas del actual Ecuador.

Los hallazgos arqueológicos muestran que estos grupos humanos dependían ampliamente de peces, moluscos y otros recursos marinos para alimentarse. En una época donde la agricultura todavía era incipiente, el océano garantizaba la subsistencia de las comunidades costeras.

Las herramientas y la navegación

Aquellos primeros pobladores no solo pescaban cerca de la orilla. Con el paso de los siglos desarrollaron herramientas y conocimientos cada vez más sofisticados para navegar y capturar especies de mayor tamaño.

Esa evolución quedó marcada durante la Cultura Valdivia, entre el 4500 y el 2000 a.C., una civilización reconocida mundialmente por haber creado una de las primeras cerámicas de América.

Sin embargo, la importancia de Valdivia no se limita al arte. Las excavaciones arqueológicas revelaron anzuelos de hueso, pesas de pesca, conchas trabajadas y restos de peces provenientes tanto de ríos como de aguas profundas.

Esto significa que hace más de seis mil años ya existía navegación marítima relativamente avanzada en la costa ecuatoriana.

Los investigadores consideran que estas comunidades dominaron técnicas especializadas para internarse en mar abierto, posiblemente utilizando embarcaciones rudimentarias construidas con madera y fibras naturales. El mar no era una barrera: era una extensión de su territorio.

La relación con el atún se vuelve todavía más evidente durante la fase Machalilla, entre el 1500 y el 900 a.C.. En excavaciones realizadas en Salango, provincia de Manabí, los arqueólogos descubrieron grandes anzuelos circulares que habrían sido diseñados específicamente para capturar peces de gran tamaño, especialmente túnidos.

Los datos son sorprendentes. Los análisis arqueo-ictiológicos determinaron que el 79,62% de las vértebras encontradas pertenecían a especies de la familia Scombridae, donde se incluyen el atún y los bonitos. Entre las especies identificadas destacan el atún aleta amarilla , capaz de superar los 60 kilogramos de peso, señala Eduardo Xavier Pico Lozano en su tesis doctoral "Historia de la industria pesquera y procesadora de atún en San Pablo de Manta, Ecuador".

Esto demuestra que hace más de tres mil años los antiguos habitantes de Manabí ya poseían la capacidad técnica para capturar grandes peces en mar abierto. No se trataba de pesca ocasional o improvisada, sino de una actividad organizada que requería conocimiento de corrientes marinas, comportamiento de cardúmenes y técnicas de navegación.

La Cultura Manteña y su tradición marítima

Siglos después, la Cultura Manteña llevaría esta tradición marítima a su máximo esplendor. Entre el 500 y 1526 d.C., los manteños construyeron una poderosa red de comercio marítimo en el Pacífico, razón por la cual varios historiadores los describen como una verdadera "Liga de Mercaderes".

Los cronistas españoles quedaron impresionados por sus habilidades náuticas. Los manteños eran expertos navegantes y buzos, capaces de recorrer enormes distancias utilizando la famosa balsa manteña, una embarcación de gran tamaño equipada incluso con velas.

Estas balsas transportaban alimentos, tejidos, cerámicas y objetos de alto valor ceremonial, especialmente la concha Spondylus, considerada sagrada en gran parte de los Andes prehispánicos.

Uno de los descubrimientos más fascinantes relacionados con esta cultura son los llamados Corrales Marinos de Ligüiqui, cerca de Manta. Estas estructuras de piedra, construidas estratégicamente en zonas costeras, funcionaban como trampas de pesca aprovechando el movimiento de las mareas. Cuando el agua bajaba, los peces quedaban atrapados dentro de las formaciones rocosas.

El sistema demuestra un conocimiento extraordinario del comportamiento del océano y de los ciclos biológicos marinos. Los arqueólogos consideran estas construcciones como una de las obras de ingeniería pesquera más importantes del Ecuador prehispánico.

Pedro Cama fue un buzo excepcional

La herencia marítima de estas culturas sobrevivió incluso después de la llegada de los españoles. Un ejemplo fue Pedro Cama, líder indígena de Manta en el siglo XVI, reconocido como pescador y buzo excepcional.

Cama dirigía flotillas de balsas que abastecían de alimentos a embarcaciones españolas y alcanzó notoriedad en 1584 al salvar un galeón averiado reparando una filtración bajo el agua gracias a su impresionante capacidad de inmersión, señala la tesis de Pico publicada en la Universidad de Cadiz- España.

No es casual que Manta fuera conocida ancestralmente como Jocay, "La Casa de los Peces". La identidad de la ciudad siempre estuvo ligada al mar.

Esa influencia también permanece viva en la gastronomía manabita. Platos tradicionales como el ceviche, el viche, el corviche y el encebollado reflejan una herencia culinaria construida alrededor de los productos marinos.

Incluso el sufijo "iche", presente en varias recetas típicas de la costa, es considerado un vestigio lingüístico de las antiguas culturas costeras.

El desarrollo de la industria atunera moderna en el siglo XX no surgió de la nada. Los pescadores y empresarios heredaron siglos de conocimiento acumulado por los pueblos prehispánicos. La transición desde las balsas artesanales hasta los barcos industriales fue, en realidad, la continuación de una tradición marítima milenaria.

Hoy, cuando Manta es reconocida como una de las capitales mundiales del atún, detrás de ese éxito existe una historia mucho más antigua. Una historia protagonizada por navegantes, pescadores y comerciantes que, mucho antes de la tecnología moderna, ya entendían que el océano era la mayor riqueza del Pacífico ecuatoriano.