A partir de la década de 1920, Manta experimentó un proceso de transformación económica y social sin precedentes. De ser un pequeño puerto con una economía basada en la pesca y el comercio local, pasó a consolidarse como un eje estratégico para la exportación de café producido en el sur de Manabí.
Este cambio se inscribió en la ideología liberal dominante en el país, que promovía el crecimiento a través de la exportación de materias primas y el aprovechamiento de ventajas comparativas.
El impacto fue evidente en la dinámica demográfica. En 1922, Manta tenía alrededor de 4.000 habitantes; para 1950, la cifra superaba los 19.000. El crecimiento poblacional estuvo directamente vinculado al auge del comercio exterior y a la consolidación de un grupo de empresas conocidas como las "Casas exportadoras", que estructuraron el poder económico local.
El prestigio del apellido como activo comercial
Las firmas más influyentes fueron Casa Álava, Casa Balda y Casa Vera, seguidas por Casa Azúa y Casa Franco. Estas entidades no funcionaban como sociedades anónimas modernas, sino como empresas familiares en las que el apellido representaba la identidad comercial y el principal activo simbólico. El prestigio del linaje respaldaba las transacciones y sostenía relaciones de confianza con productores, intermediarios y compradores internacionales.
Así lo señala la investigación doctoral de María Cuvi Sánchez, titulada "Los patriarcas del café: la formación de una élite en Manta (Ecuador) en la primera mitad del siglo XX", la cual examina el surgimiento, consolidación y funcionamiento de esta élite en Manta.
El poder de estas Casas no fue improvisado. Antes del predominio del grano, la economía regional estuvo impulsada por la tagua, conocida como el "marfil vegetal". Este producto, demandado en Europa para la fabricación de botones, permitió a familias como los Álava, los Balda y los Vera acumular el capital necesario para fortalecer sus redes comerciales e invertir en infraestructura.
Sin embargo, a partir de la década de 1940, la demanda de tagua disminuyó debido a la expansión de los plásticos y las alteraciones del comercio internacional durante la Segunda Guerra Mundial. En ese contexto, el café se consolidó como el principal motor de exportación.
El grano cultivado en cantones como Jipijapa, Paján, Santa Ana y 24 de Mayo encontraba en Manta su puerta de salida al mundo. Las Casas exportadoras articulaban toda la cadena: compraban el producto, gestionaban el almacenamiento y establecían los vínculos con los mercados externos.
Los "Patriarcas" y la vida pública
El liderazgo empresarial se concentró en figuras conocidas como los "patriarcas". Efraín Álava, los hermanos César y Pedro Atanasio Balda, y Jacob Vera no solo dirigían sus corporaciones, sino que participaban activamente en la vida pública. Ocuparon cargos en el Concejo Cantonal, promovieron obras de infraestructura y encabezaron gestiones ante el gobierno central.
Un hito institucional fue la creación de la Cámara de Comercio de Manta en 1927. Esta entidad permitió coordinar las demandas del sector exportador y fortalecer su capacidad de negociación frente al Estado. La élite cafetalera comprendió que el éxito de sus negocios dependía de mejoras críticas en el puerto, en los servicios básicos y en las vías de comunicación terrestre, indica la investigación de Cuvi Sánchez.
La relación con el poder central estuvo marcada por tensiones, especialmente frente a la élite agroexportadora de Guayaquil, que concentraba la mayor parte de los recursos públicos. Ante esta situación, los exportadores mantenses promovieron movilizaciones cívicas históricas.
Entre ellas destacan el movimiento de 1958 en favor de un puerto de aguas profundas y el paro general de 1975 para demandar agua potable y alcantarillado. En este escenario, Pedro Balda Cucalón desempeñó un papel relevante como articulador político en Quito, reflejando la unión entre poder económico y liderazgo cívico.
Limitaciones y legado de un modelo extractivo
No obstante, el modelo presentaba limitaciones estructurales. Diversos análisis lo califican como extractivo, ya que dependía de la explotación de recursos naturales sin una inversión significativa en modernización tecnológica.
Mientras países como Brasil o Colombia impulsaban procesos de innovación, los exportadores locales operaban sujetos a las fluctuaciones de las bolsas de Nueva York y Londres.
Esta dependencia externa coexistía con un control firme sobre el mercado interno. Las Casas establecían condiciones para los productores, configurando una red social que consolidaba su autoridad. La filantropía y las obras de beneficencia también contribuyeron a legitimar su liderazgo en la ciudad, señala Cuvi Sánchez.
En conjunto, el auge cafetalero transformó a Manta en una ciudad moderna y diversificada. Aunque el proceso se apoyó en una estructura de poder concentrada en pocas familias, su impronta permanece como un capítulo decisivo en la identidad de la ciudad. Con el tiempo, las nuevas dinámicas globales debilitaron a las Casas exportadoras, pero sentaron las bases del desarrollo urbano y comercial que Manta ostenta hoy.