En Manabí, en el bosque húmedo de Pacoche, en Manta, casi nadie la ha visto. Vive bajo la hojarasca, se oculta en suelos húmedos y no representa peligro alguno. Se trata de la Atractus cerberus, conocida como la serpiente tierrera de Cerberus, una especie endémica que no existe en ningún otro rincón del planeta.
Aunque fue descrita científicamente hace apenas 15 años, solo existen tres registros confirmados; el más reciente data de 2017. Su rareza, sin embargo, no la ha salvado de una amenaza silenciosa: la pérdida acelerada de su hábitat debido a la deforestación y la expansión urbana.
El escarabajo que todos buscan
No muy lejos de allí, en los bosques secos de la región, otro protagonista enfrenta un destino distinto pero igualmente preocupante. Es el escarabajo del género Gymnetis stellata, un insecto llamativo por sus tonalidades amarillas y naranjas, y por una figura en su caparazón que recuerda al sol.
Precisamente esa belleza lo ha convertido en objeto del tráfico ilegal: es capturado masivamente para ser vendido a coleccionistas privados y museos extranjeros, arrancándolo de ecosistemas donde cumple funciones vitales.
Ambas historias reflejan la realidad de Manabí y de la región costera: una biodiversidad extraordinaria, poco estudiada y constantemente acechada. Ante este panorama nació la Sociedad por la Biodiversidad de la Costa, una organización civil sin fines de lucro integrada por biólogos, agrónomos, biotecnólogos y otros profesionales comprometidos con la conservación. Kevin Alexander Intriago y José Luque Mora son parte fundamental de este proyecto.
Según explican, la organización surgió en Portoviejo hace dos años, aunque sus raíces se remontan a un colectivo previo llamado Gymnetis, bautizado así en honor al escarabajo traficado que simbolizaba su preocupación inicial. Con el tiempo, el grupo amplió su visión y extendió su trabajo a Manta, Pacoche y otras zonas de la provincia, con la ambiciosa meta de abarcar toda la región litoral, desde Esmeraldas hasta El Oro.
La educación como herramienta
Su principal herramienta es la educación. A través de ferias, festivales de biodiversidad y talleres gratuitos, la sociedad explica por qué cada especie es fundamental. En estos espacios convergen especialistas en herpetología, mastozoología, entomología, micología y ciencias del mar, quienes muestran cómo anfibios, reptiles, mamíferos, insectos y hongos son engranajes indispensables del ecosistema.
El mensaje es directo: la salud del ambiente y la salud humana están intrínsecamente conectadas. Sin embargo, los desafíos son monumentales. Manabí es una de las provincias más afectadas por el extractivismo, la agricultura intensiva y el crecimiento urbano desordenado. A esto se suman la contaminación marina, lumínica y acústica, el derrame de combustibles, la introducción de especies invasoras (como perros y gatos en zonas protegidas) y los efectos del cambio climático.
La colaboración con otras organizaciones
Pese a este escenario crítico, la Sociedad por la Biodiversidad de la Costa continúa creciendo. Mantiene alianzas con reservas como Pacoche Lodge y Lalo Loor, y colabora con investigadores que siguen descubriendo nuevas especies para la ciencia en la provincia.
Su apuesta es generar conciencia antes de que la serpiente invisible desaparezca y el escarabajo del sol se convierta solo en una pieza inerte de museo. Para sus integrantes, proteger la biodiversidad costera hoy es una responsabilidad urgente que definirá el futuro ecológico, social y cultural de las próximas generaciones de Manabí y del Ecuador entero.