La salinidad del suelo también ha sido detectada en Portoviejo, debilitando estructuras e incidiendo en fallas tras el terremoto de 2016.
Según especialistas, la salinidad deteriora las estructuras y reduce la vida útil de las edificaciones.
Carlos Villacreses, director de Riego y Recursos Hídricos de la Prefectura de Manabí, indicó que se ha detectado una proliferación de sales en sectores como Playa Prieta, Riochico y el valle del río Portoviejo, donde se evidencian manchas húmedas en superficie. Este fenómeno responde a procesos naturales del suelo y a la acumulación progresiva de sales.
El especialista señaló que la reutilización de aguas —provenientes de riego, uso doméstico e industrial— genera un ciclo cerrado que puede volverse perjudicial cuando no existen sistemas adecuados de drenaje. A esto se suman los lixiviados agrícolas, que incrementan la concentración de sales y agravan las condiciones del terreno.
"Hay lixiviados que producen diferentes tipos de sales, no solo la sal que conocemos el cloruro de calcio, sino otro tipo de sales que también afectan", sostuvo.
Evidencias tras el terremoto
Tras el terremoto de 2016, Villacreses reveló que varias estructuras presentaron fallas porque el acero estructural se encontraba corroído o prácticamente inexistente. La pérdida de resistencia del material incidió en el colapso o daño severo de edificaciones.
También se identificaron afectaciones en piscinas y tanques, donde la acción combinada de salinidad y cloro provocó fisuras y desprendimientos entre elementos estructurales, evidenciando procesos avanzados de corrosión.
"Esa salinización también se ve en las paredes, se comienza a dañar el acero", precisó.
Alexis Rivera, maestro en construcción, dijo que desde el terremoto de 2016 ha visto muchas construcciones debilitadas por el hierro corroído producto de la salinidad. "Es porque han construido con arena salada y eso se come el hierro", comentó Rivera.
Suelo, materiales y prácticas constructivas
Leandro Briones, expresidente de la Cámara de la Construcción de Portoviejo, coincidió que muchas construcciones se han hecho con arena del mar, pero actualmente se evita este tipo de arena y se prioriza el hormigón premezclado con materiales de cantera, como una medida para reducir la exposición a sales.
Sin embargo, advierte que el problema persiste debido a las condiciones propias del terreno. "No olvidemos que nuestro suelo es agrícola y tiene ciertos niveles de minerales", explicó.
Briones recalcó que las normas técnicas exigen una mayor protección del acero en estructuras bajo tierra, aumentando la separación con el hormigón. No obstante, el incumplimiento de estas disposiciones facilita la entrada de humedad y sales, acelerando la corrosión.
Aclaró que la salinidad no se trata de una filtración directa del agua del mar, sino de procesos internos del suelo y del manejo del recurso hídrico en la zona.
Impacto en la vida útil y medidas técnicas
Briones recalcó que una edificación está diseñada para una vida útil de 50 años, pero la presencia de salinidad y humedad puede reducir este tiempo en entre 10 y 20 años, debido al deterioro progresivo del acero.
Los especialistas recomiendan aplicar productos químicos que controlen la alcalinidad del hormigón, utilizar productos antioxidantes y sistemas de impermeabilización, así como garantizar un adecuado drenaje del suelo.
Además, insisten en la necesidad de priorizar la prevención técnica en el diseño y ejecución de obras, con el fin de evitar que las condiciones del suelo continúen afectando la estabilidad de futuras construcciones.