Enrique Vinces pasó gran parte de su vida sobre escenarios, interpretando boleros y música tropical y hoy no tiene un lugar donde vivir.
La música acompañó a Vinces desde que era un niño. A los 10 años comenzó a cantar y a tocar el piano, instrumento que se convirtió en una de sus mayores pasiones. Con el paso de los años, también empezó a escribir canciones y a abrirse espacio en distintas agrupaciones musicales del Ecuador.
El cantautor integró orquestas como Los Titos, Los Auténticos, Blus Estar, Sonora Latina, y una larga lista. Su voz recorrió varias ciudades del país, especialmente Quevedo, donde asegura haber vivido algunos de los momentos más importantes de su carrera artística.
Durante décadas, Vinces participó en fiestas, eventos y presentaciones musicales donde interpretaba boleros y música tropical. Los escenarios, las orquestas y el reconocimiento del público formaron parte de una vida que giraba completamente alrededor de la música.
La tragedia que marcó su vida
Pero el rumbo de su historia cambió el 16 de abril de 2016. Esa tarde se encontraba en su vivienda ubicada en las calles Sucre y Espejo, en Portoviejo. Minutos antes del terremoto salió a saludar a un amigo y, poco después, la casa se desplomó por el fuerte sismo.
Dentro de la vivienda permanecían diez integrantes de su familia, entre ellos su hija, sobrinas y otros familiares cercanos. Todos murieron atrapados entre los escombros. Vinces sobrevivió porque había salido de la casa apenas diez minutos antes del colapso.
Cada vez que recuerda aquella noche, su voz se entrecorta y hace pausas prolongadas. Las lágrimas aparecen cuando menciona a su hija y asegura que desde entonces empezó a vivir una realidad marcada por la soledad y las dificultades económicas.
Con el paso de los años, la situación se complicó aún más. Vinces afirma que la pandemia y la inseguridad afectaron las presentaciones musicales y dejaron de llamarlo para eventos y contratos en orquestas.
Actualmente, el cantante vive en un cuarto improvisado dentro de la antigua casa patrimonial, ubicada frente al parque Vicente Amador Flor. El lugar se convirtió en su refugio después de perder su vivienda y a gran parte de su familia.
La música como única compañía
En el pequeño espacio donde vive conserva algunas pertenencias, un colchón viejo y los equipos que todavía utiliza cuando alguien lo busca para cantar. Junto a él permanecen un parlante y un micrófono, herramientas que aún forman parte de su rutina.
En ocasiones se ubica en la calle del centro de Portoviejo para interpretar boleros y canciones románticas. Aunque reconoce que pocas personas colaboran, mantiene la esperanza de volver a conseguir presentaciones musicales que le permitan obtener ingresos.
La situación económica de Vinces es complicada. Asegura que no recibe ayuda y que muchas veces enfrenta dificultades incluso para alimentarse. "A veces tengo dos, tres días que no como", comenta mientras intenta secarse las lágrimas.
A sus 77 años, Enrique Vinces asegura que su voz todavía conserva la fuerza para seguir interpretando boleros y canciones románticas mientras tenga una oportunidad para hacerlo. Quienes deseen encontrarlo pueden buscarlo en las calles Bolívar entre Ricaurte y Olmedo, lugar que desde hace una década se convirtió en su hogar.