La decisión del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) de reducir de 20 a 10 minutos el tiempo de ciertas consultas médicas encendió una nueva polémica en el sistema de salud pública.
Lo que el Gobierno presentó como una estrategia para optimizar turnos y disminuir los tiempos de espera fue recibido con rechazo por parte de tres gremios médicos y con preocupación entre miles de afiliados.
Desde el viernes 20 de febrero de 2026, el IESS puso en marcha una reorganización de su sistema de agendamiento "Phuyu", con la promesa de habilitar 4.000 nuevos turnos diarios y reducir la espera promedio de 15 a ocho días.
La principal medida consistió en establecer módulos de 10 minutos para "atenciones ágiles, entrega de resultados y trámites médicos específicos", y mantener 20 minutos para consultas de especialidades no quirúrgicas. Sin embargo, en la práctica, la disposición habría ido más allá de lo anunciado oficialmente.
El rechazo de los gremios
El Colegio Médico del Guayas emitió un comunicado en el que advirtió que reducir el tiempo de consulta compromete seriamente la calidad de la atención. Según el gremio, la medida limita la capacidad del médico para realizar una evaluación clínica adecuada, incrementa el riesgo de errores diagnósticos y deshumaniza el servicio al reducir el tiempo de escucha y análisis del paciente.
La Federación Médica Ecuatoriana y el Colegio de Médicos de Pichincha también expresaron su rechazo. Desde estos espacios se insiste en que la crisis del IESS no se resolverá recortando minutos a la consulta, sino mediante reformas estructurales como la contratación de más especialistas, la inversión en infraestructura y mejoras en la gestión administrativa.
Carlos Cárdenas, miembro de la Comisión de Proyectos de la Federación Médica, fue enfático: "En 10 minutos no se puede atender a nadie; es una absoluta aberración". A su juicio, la decisión responde a una lógica estadística más que sanitaria. "Se prioriza el número de pacientes atendidos, no la calidad de la atención", sostuvo en una publicación del portal Primicias.
La realidad en los hospitales
El debate no se limita a los comunicados. En los pasillos del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), en Quito, la incertidumbre y el malestar son evidentes. Filas extensas, reclamos por el orden y pacientes angustiados forman parte de la rutina diaria.
María, quien esperaba atención en endocrinología desde octubre de 2025, cuestiona la medida. "Hasta que el doctor pregunte y revise los exámenes que uno lleva, se acaba el tiempo. No alcanzará para dar una buena atención", afirma. En su experiencia, su especialista suele tardar al menos 30 minutos en revisar ecografías, ajustar dosis y explicar el tratamiento, señala Primicias.
Las denuncias van más allá. Usuarios aseguran que el sistema estaría aplicando el límite de 10 minutos incluso en controles de embarazo y consultas de primera vez, pese a que las autoridades señalaron que la reducción se limitaría a citas de seguimiento o entrega de resultados, señala el portal.
Las quejas no se limitan a Quito. Gabriela, quien vive en Manta, debe acompañar a su padre jubilado, diagnosticado con Alzheimer, a consulta. Para ella, la disposición solo agravará un servicio que ya considera deficiente. "Necesito explicarle al doctor cómo ha sido el día de mi padre y, a su vez, que él me oriente sobre la medicación. Eso toma más de 20 minutos".
¿Optimización o riesgo?
Un médico especialista del IESS, que pidió mantener su nombre en reserva, explicó que buena parte del tiempo de consulta se consume en tareas administrativas: llenar el sistema informático, completar formularios y registrar datos obligatorios.
"Para retirar suturas, probablemente 10 minutos sean suficientes. Pero para una enfermedad compleja que requiere entrevista completa y revisión de exámenes, es absolutamente insuficiente", señaló.
En áreas como pediatría o el control de enfermedades crónicas —hipertensión, diabetes o insuficiencia renal— la consulta puede extenderse entre 40 y 90 minutos si se busca evaluar integralmente al paciente, incluyendo su entorno y la adherencia al tratamiento.
Los gremios advierten que consultas apresuradas pueden traducirse en diagnósticos incompletos, tratamientos inadecuados y, a largo plazo, mayores costos para el propio sistema debido a complicaciones evitables.
La deuda pendiente
Paradójicamente, pese a la reducción del tiempo de atención, la escasez de turnos persiste. María Cruz relata que lleva tres años intentando conseguir atención especializada para su hijo. "Ya se me va a caducar otra vez la resonancia y deberá hacerse nuevamente el examen", lamenta.
Su caso refleja un problema estructural: la saturación del sistema no se explica únicamente por la duración de las consultas, sino por la falta de especialistas y la alta demanda acumulada.
Para los médicos, el desafío del IESS no es solo administrativo, sino también humano. Reducir la consulta a un cronómetro, sostienen, desvirtúa el acto médico, que implica escuchar, examinar, interpretar y orientar. En un sistema donde muchos pacientes llegan con múltiples patologías y recursos limitados, el tiempo es parte esencial del tratamiento.
La reducción del tiempo de consulta forma parte del plan de "Optimización y Racionalización" del IESS, elaborado por la Dirección Nacional de Servicios Corporativos.
El documento identificó cientos de cargos "excedentes" en hospitales de segundo y tercer nivel. Para ajustarlos, se prevén traslados, limitación de reemplazos y, de ser necesario, desvinculaciones y supresión de puestos. Médicos cuestionan que estas medidas solucionen la crisis estructural. (10).