En el océano Pacífico hay historias que no terminan de contarse. Algunas se pierden con el tiempo; otras regresan cuando un nuevo caso vuelve a encender las alertas. En Ecuador, la desaparición del pesquero Jorge IV sigue siendo una de esas heridas abiertas.

El 5 de junio de 2002, la embarcación zarpó desde Manta y nunca volvió. Las teorías se acumularon —ataque, secuestro, accidente—, pero ninguna logró confirmarse. Hubo protestas, investigaciones e incluso una comisión legislativa. Sin embargo, la verdad nunca llegó a puerto.

No fue el único episodio. Durante los años en que operó la base estadounidense en Manta, entre 1999 y 2009, también surgieron denuncias de pescadores que aseguraban haber sido perseguidos o incluso atacados en altamar. En ese entonces, la Embajada de Estados Unidos negó cualquier acción irregular y sostuvo que sus operaciones antidrogas se realizaban bajo acuerdos de cooperación y respetando protocolos establecidos con Ecuador.

Nuevos casos denunciados en Manta

Hoy, más de dos décadas después del "Jorge IV", esos antecedentes vuelven a cobrar sentido. El mar vuelve a ser escenario de incertidumbre, pero esta vez con testigos.

El pesquero "Don Maca" regresó a Manta, aunque sin alivio. Sus 20 tripulantes llegaron con signos de agotamiento, problemas auditivos y un relato que todavía intentan ordenar. Lo que debía ser una jornada de pesca terminó, según sus testimonios, en un episodio de violencia en aguas internacionales.

La embarcación zarpó el 17 de marzo desde el puerto de Manta con seis lanchas de arrastre. Diez días después, el 26 de marzo, se perdió la comunicación satelital. A bordo iban pescadores de comunidades como San Mateo, Santa Marianita y Jaramijó.

Sebastián Palacios recuerda el momento en que todo cambió: un impacto inesperado en plena faena. La reacción fue inmediata: buscar ayuda. Divisaron una patrulla que identificaron como estadounidense y se acercaron voluntariamente. "Pensábamos que nos iban a ayudar", dice.  Pero, según su versión, ocurrió lo contrario.

Al abordar la patrulla, los pescadores habrían sido sometidos. "Nos empujaron, nos encapucharon", relata Palacios. La escena, cuenta, estuvo marcada por la confusión y el miedo.

Iván Quijije coincide en los detalles. Ambos aseguran que no hubo advertencias previas ni inspecciones. Lo que vino después, dicen, fueron ataques. "No explotó el barco, lo bombardearon", afirma Quijije. Según los testimonios, no solo el "Don Maca" fue afectado, sino también otras embarcaciones cercanas.

Durante varios días, la tripulación permaneció retenida en el mar. Palacios describe ese periodo como uno de los más duros de su vida. "Pensábamos que nos iban a matar", dice. Posteriormente, fueron trasladados a una embarcación salvadoreña.

Al regresar a Ecuador, las secuelas eran evidentes. Algunos pescadores fueron atendidos por problemas auditivos. Otros aún procesan el impacto emocional. Todos coinciden en una misma pregunta: qué ocurrió realmente en altamar.

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El barco Jorge IV desapreció con 18 tripulantes en 2022. - El Diario

Denuncia en la Fiscalía de Manta

El caso ya tomó un giro legal. La defensa de los tripulantes anunció la presentación de una denuncia ante la Fiscalía, con el objetivo de recopilar pruebas, realizar peritajes técnicos y psicológicos, y reconstruir los hechos. En paralelo, la Capitanía del Puerto de Manta desarrolla una investigación administrativa.

Ambos procesos podrían derivar en una demanda internacional por presuntas violaciones a derechos y daños materiales.

Desde el ámbito internacional, la Embajada de Estados Unidos confirmó la ejecución de una operación antidrogas en la fecha señalada, pero no respondió directamente a las denuncias de bombardeo, señala una nota de Ecuavisa. 

El silencio también se replica a nivel interno. El Gobierno ecuatoriano no ha emitido un pronunciamiento sobre los testimonios, pese a que en pocas semanas se han reportado incidentes similares con otras embarcaciones.

Para el excanciller Francisco Carrión, esta ausencia de respuesta es preocupante. Considera que el Estado debe activar mecanismos diplomáticos para esclarecer los hechos, especialmente en un contexto de cooperación internacional en seguridad marítima.

El "Don Maca" no es un caso aislado. Días antes, otra embarcación ecuatoriana reportó un incidente en condiciones similares. La reiteración de estos relatos empieza a generar inquietud en el sector pesquero.

Entre antecedentes no resueltos, denuncias históricas y nuevos testimonios, el mar vuelve a mostrarse como un espacio incierto. Para quienes viven de él, ya no es solo sustento, sino también una fuente de temor.

"Hay que pensarlo bien", dice Palacios cuando se le pregunta si volvería a pescar. Su respuesta queda suspendida, como muchas de las preguntas que rodean estos casos. Como ocurrió con el "Jorge IV", el tiempo dirá si esta historia logra esclarecerse o si también terminará perdiéndose en la inmensidad del océano. (10).