Un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts desarrolló una metodología que permite medir con mayor precisión el impacto climático de grandes erupciones volcánicas e incendios forestales. El estudio fue publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias y aborda una de las principales dificultades de la ciencia climática: distinguir los efectos de eventos naturales extremos en un sistema atmosférico influido por múltiples factores.

La investigación se centra en cómo millones de toneladas de aerosoles, gases y partículas liberadas a la atmósfera alteran las temperaturas globales. Los autores sostienen que comprender estos impactos resulta clave para separar las señales naturales del calentamiento global de origen humano.

Dificultad para aislar eventos extremos

Hasta ahora, identificar el efecto específico de un incendio forestal o una erupción volcánica era comparable a distinguir una sola voz en un entorno ruidoso. La variabilidad natural del clima y la influencia constante de las emisiones humanas dificultaban atribuir cambios de temperatura a eventos individuales.

El nuevo trabajo propone un enfoque estadístico que reduce ese "ruido" y permite identificar señales claras asociadas a fenómenos concretos. Con esta técnica, los investigadores lograron analizar cómo determinados eventos naturales modificaron la temperatura atmosférica a escala global.

Tres eventos bajo análisis científico

El equipo del MIT estudió tres episodios considerados excepcionales por su magnitud: la erupción del Monte Pinatubo en 1991, los incendios forestales de Australia entre 2019 y 2020 y la erupción submarina del volcán Hunga Tonga en 2022.

Aunque cada evento presentó características distintas, todos produjeron cambios estadísticamente significativos en la estratosfera, la capa de la atmósfera situada por encima de la troposfera, donde se manifiesta con mayor claridad el calentamiento global reciente.

Resultados diferenciados por fenómeno

En el caso del Pinatubo, el estudio confirmó un patrón ya documentado: enfriamiento de la troposfera y de la superficie terrestre, combinado con un calentamiento de la estratosfera. La erupción liberó cerca de 20 millones de toneladas de aerosoles volcánicos, que reflejaron la radiación solar y redujeron las temperaturas globales durante más de dos años.

Los incendios australianos y la erupción del Hunga Tonga también alteraron la estratosfera, aunque sin generar una señal troposférica global sostenida. Según los investigadores, estos eventos no explican el aumento acelerado de la temperatura superficial observado en los últimos años.

Implicaciones para el estudio del cambio climático

El autor principal del estudio, Yaowei Li, señaló que comprender la respuesta del clima a forzamientos naturales resulta esencial para interpretar correctamente el cambio climático antropogénico. Los resultados sugieren que, pese a su magnitud, estos eventos naturales no han sido determinantes en la reciente aceleración del calentamiento global.

Esta conclusión cobra relevancia en un contexto de récords térmicos consecutivos. La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el período 2023-2025 fue el más cálido registrado y que los últimos once años figuran entre los más calurosos desde que existen mediciones.

Metodología y proyección futura

Para aislar las señales de cada evento, el equipo analizó datos satelitales recopilados desde 1979 y eliminó influencias conocidas como El Niño, La Niña y los ciclos solares. Este proceso permitió establecer una línea base climática más estable y detectar cambios atribuibles a los eventos estudiados.

Los científicos concluyen que este método facilitará futuras evaluaciones del impacto climático de fenómenos naturales extremos y contribuirá a mejorar la precisión con la que se mide la influencia humana en el calentamiento global.