El incendio registrado en la rada del puerto de Manta, la tarde del sábado 6 de junio de 2026, destruyó 14 barcos y 21 lanchas, dejando pérdidas económicas que ascienden a más de 30 millones de dólares y afectando a decenas de familias vinculadas a la actividad pesquera. Mientras las autoridades delinean detalles de la investigan, los armadores afectados comienzan a evaluar el impacto económico y laboral provocado por la emergencia.

La magnitud de las pérdidas quedó reflejada en los testimonios de los propietarios que observaron cómo las llamas consumían embarcaciones construidas y mantenidas durante años de trabajo.

Uno de ellos es Jaime Mantuano, propietario del pesquero Don Jaime, quien permanecía este domingo 7 de junio en la playa de Tarqui, mientras los equipos de emergencia intentaban controlar el incendio. Junto a su nieta Carla, observó cómo el fuego destruía la embarcación que representaba décadas de esfuerzo familiar.

Según explicó, el valor comercial del barco de su propiedad, bordea los 500 mil dólares, sin considerar otros bienes y equipos asociados a la actividad pesquera.

Décadas de trabajo perdidas

Mantuano señaló que ha dedicado más de 40 años a la actividad pesquera, tiempo durante el cual logró sostener a su familia y financiar la educación de sus hijos mediante el trabajo desarrollado en el mar.

El armador relató que conoció sobre el incendio a través de una llamada telefónica realizada por un amigo que se encontraba cerca de la rada. Cuando llegó al sitio, gran parte de las embarcaciones ya se encontraba envuelta en llamas.

De acuerdo con las versiones preliminares que circulaban entre los pescadores y armadores presentes en el lugar, una explosión habría ocurrido en una embarcación cercana donde presuntamente se realizaban trabajos de mantenimiento. Sin embargo, las autoridades aún no han determinado oficialmente las causas del siniestro.

Mientras continúan las investigaciones, los propietarios afectados esperan conocer si existirá algún mecanismo de apoyo para recuperar parte de las pérdidas sufridas.

Mantuano reconoció que la reconstrucción de su patrimonio será compleja debido al alto costo que representa una embarcación de este tipo y a las condiciones económicas actuales del sector pesquero.

Un barco listo para zarpar

Entre los afectados también se encuentra Daniel Anchundia, propietario de la embarcación nodriza Rossy Mariela.

Según relató, el barco se encontraba listo para iniciar una nueva faena de pesca. La embarcación ya había cargado combustible y únicamente esperaba la emisión de un documento de inocuidad para obtener autorización de salida.

"Estábamos listos para zarpar", explicó el armador al describir las horas previas al incendio.

Además del barco, Anchundia perdió cinco lanchas que permanecían amarradas junto a la nodriza. Todas fueron alcanzadas por las llamas.

El propietario estimó que las pérdidas derivadas de la destrucción del Rossy Mariela y las embarcaciones auxiliares ascienden a aproximadamente 200 mil dólares.

Anchundia indicó que meses atrás había realizado trabajos de renovación en la embarcación mediante un crédito bancario de 15 mil dólares, deuda que continúa vigente pese a la pérdida total del bien que servía como garantía.

Impacto laboral y económico

La destrucción del Rossy Mariela también tiene repercusiones sobre el empleo generado por la embarcación.

De acuerdo con Anchundia, alrededor de 17 personas dependían directamente de las operaciones del barco y las cinco lanchas. Siete trabajadores cumplían funciones en la nodriza y otros diez laboraban en las embarcaciones menores.

La paralización de estas actividades implica la suspensión inmediata de las labores para quienes obtenían ingresos mediante las operaciones pesqueras vinculadas a esta unidad productiva.

Situaciones similares se repiten entre otros armadores afectados por el incendio, quienes además enfrentan obligaciones financieras relacionadas con créditos utilizados para mantenimiento, reparación o modernización de sus embarcaciones.

La pesca constituye una de las principales actividades económicas de Manta y genera empleo directo e indirecto en áreas como procesamiento, comercialización, transporte, mantenimiento naval y provisión de insumos.

Por esta razón, los daños provocados por el incendio podrían extenderse más allá de los propietarios de las embarcaciones y afectar a trabajadores vinculados a la cadena productiva pesquera.

El desafío de asegurar las embarcaciones

George Pinto, presidente de la Asociación de Armadores Pesqueros de Manta (Asoaman), explicó que la pérdida de una embarcación nodriza puede representar un costo promedio cercano a los 400 mil dólares, dependiendo de sus características y equipamiento.

Pinto señaló además que uno de los principales problemas que enfrenta el sector es la dificultad para asegurar embarcaciones de madera.

Según indicó, las compañías aseguradoras consideran que este tipo de barcos representan un riesgo elevado, situación que limita el acceso a coberturas para los armadores.

El dirigente explicó que las embarcaciones metálicas sí pueden acceder a seguros, aunque con costos significativamente mayores a los registrados años atrás.

Mientras hace una década las primas oscilaban entre el 1,5 % y el 2 % del valor asegurado, actualmente pueden ubicarse entre el 4 % y el 5 %, e incluso superar esos porcentajes en algunos casos.

Esta situación provoca que muchos propietarios operen sin cobertura frente a eventos como incendios, accidentes o pérdidas totales de sus embarcaciones.

Organismos de socorro

El siniestro movilizó a personal del Cuerpo de Bomberos, instituciones de seguridad y entidades relacionadas con la actividad portuaria, que trabajaron durante varias horas para controlar las llamas y evitar que el fuego alcanzara más embarcaciones.

Mientras avanzan las investigaciones, los armadores afectados comienzan a calcular las pérdidas materiales y a evaluar alternativas para retomar sus actividades productivas.

La destrucción de 14 embarcaciones nodriza y varias lanchas pesqueras constituye uno de los mayores siniestros registrados en los últimos años dentro de la actividad pesquera de Manta, un sector estratégico para la economía de la ciudad y de la provincia de Manabí.