El Ministerio de Defensa de Argentina autorizó, mediante una resolución reciente, al personal en actividad de las Fuerzas Armadas —soldados, suboficiales y oficiales— a desarrollar actividades laborales complementarias en el sector privado fuera de sus horarios de servicio.
Esta medida, inédita en la historia castrense argentina, busca aliviar la crítica situación económica de miles de efectivos cuyos salarios han quedado rezagados frente a la inflación acumulada, permitiéndoles generar ingresos adicionales en tareas compatibles con su función, incluyendo servicios de plataformas digitales y seguridad privada.
La decisión administrativa impulsada por la cartera de Defensa representa un cambio significativo en el régimen de incompatibilidades que, tradicionalmente, limitaba de manera estricta la capacidad del personal militar para desempeñar empleos privados. Hasta ahora, la norma general priorizaba la dedicación exclusiva a la función de defensa nacional.
Con la nueva normativa, los integrantes de las Fuerzas Armadas podrán sumar ingresos mediante tareas específicas. Según detallaron fuentes oficiales, entre las actividades permitidas se encuentran empleos vinculados a plataformas de transporte y reparto —como Uber o Rappi—, servicios de seguridad privada y otras ocupaciones que no entren en conflicto de intereses directo con sus tareas militares ni afecten su disponibilidad operativa durante la jornada reglamentaria.
Impacto de la inflación y la deserción castrense
La medida responde a un contexto marcado por insistentes reclamos salariales provenientes de distintos sectores vinculados a la familia militar. Durante los últimos meses, asociaciones de retirados y círculos de oficiales habían alertado sobre la creciente dificultad de los efectivos, especialmente en las jerarquías más bajas, para cubrir la canasta básica y sostener a sus familias con los haberes actuales.
Informes internos y estimaciones del sector indican que los salarios de los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas han sufrido una degradación de su poder adquisitivo en el último período. Según diversas fuentes, se calcula una caída real acumulada del poder de compra del salario militar, lo que ha empujado a una parte considerable del personal por debajo de la línea de pobreza establecida por el INDEC.
Esta crisis económica ha tenido una consecuencia directa en la estructura de recursos humanos de las fuerzas. Se registra una fuga de uniformados hacia la vida civil o hacia otras fuerzas de seguridad federales o provinciales que ofrecen mejores remuneraciones y menores restricciones operativas. Fuentes del sector estiman que miles de efectivos, incluyendo personal altamente capacitado en áreas técnicas y operativas, decidieron solicitar la baja directa en los últimos dos años.
Ante el temor de una deserción mayor que afecte la capacidad operativa del Instrumento Militar Nacional, la autorización para buscar un segundo empleo se presenta como una "válvula de escape" para contener al personal más joven y a los suboficiales, que son los grupos más afectados por la merma salarial.
Crisis en los servicios sociales militares
El deterioro económico del sector Defensa no se limita exclusivamente a los haberes mensuales. El Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA), la entidad encargada de prestar servicios médicos a más de 600.000 afiliados (incluyendo activos, retirados y familiares), atraviesa una situación financiera calificada como crítica.
Las quejas de los militares por la deficiente cobertura de salud son constantes en todo el país. Los afiliados denuncian demoras en turnos, recortes en vademécums de medicamentos y la pérdida de prestadores en diversas provincias debido a las deudas que la entidad mantiene con clínicas y profesionales, señalan medios argentinos.
La autorización para que los efectivos se desempeñen en la "economía de plataformas" u otras tareas de baja calificación ha abierto un debate profundo sobre la valorización y jerarquización de la carrera militar prometida por la administración actual.
La medida evidencia una situación que requiere una solución estructural, dado que muchos integrantes de las Fuerzas Armadas cuentan con formación especializada en logística, comunicaciones, inteligencia, operaciones tácticas y conducción, conocimientos que ahora podrían combinar con actividades alejadas de su especialización profesional por razones estrictamente económicas, señalan especialistas. (10).