Sara, hija de Sonia Vera, presenta mejoras significativas en su condición de Trastorno del Espectro Autista (TEA) tras asistir durante seis meses a las terapias gratuitas que se brindan en la única sala multisensorial del cantón. Como ella, hay otros 92 niños que acuden a sus citas de terapia tres veces a la semana en una atención integral que combina psicología, terapia de lenguaje y terapia ocupacional. Este espacio, dependiente del municipio, se ha convertido en un centro neurálgico para familias que buscan apoyo especializado en el desarrollo de sus hijos.

El único soporte sensorial municipal

La Sala de Espacios Multisensoriales es el único centro de su tipo gestionado directamente por la municipalidad de Manta y opera desde hace casi tres años como parte del Centro de Discapacidades. Yadira Franco Cedeño, terapista ocupacional, está a cargo de la sala y confirma que, desde su apertura, se han realizado cerca de 283 valoraciones, aunque solo 92 niños se benefician de la atención continua. 

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Camila Triviño, terapeuta de lenguaje, del centro multisensorial del Municipio de Manta. - El Diario

El servicio se enfoca en niños de entre 0 y 12 años con una amplia gama de diagnósticos. Estos incluyen síndrome de Down, estimulación temprana para retraso motor, problemas cognitivos, trastornos del lenguaje, de aprendizaje, de conducta, TDAH y DHL.

Franco detalla que la mayoría de los 92 niños presentan un "presuntivo" Trastorno del Espectro Autista, mostrando síntomas referidos por médicos, aunque no todos han sido calificados formalmente por el Ministerio de Salud Pública (MSP). La terapista explica que el enfoque terapéutico se utiliza para mejorar un posible "mal funcionamiento del sistema nervioso". Para los casos graves, la calificación por el MSP se da a temprana edad, pero para los niños "adaptables" que pueden superar sus dificultades con terapias, el proceso de calificación se aplaza hasta después de los 5 años, una vez que hay mayor maduración.

Un equipo interdisciplinario y las rutinas 

La atención en la sala es gestionada por un equipo de tres profesionales: un psicólogo, un terapista de lenguaje y un terapista ocupacional. Todos intervienen en sus respectivas áreas, adaptando las actividades al diagnóstico específico de cada niño y enfocándose en el desarrollo de sus habilidades y el trabajo sensorial.

El horario de atención es de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. con un sistema de turnos establecido, lo que elimina la necesidad de que los padres esperen largas horas por un cupo. La capacidad diaria de atención es de 48 niños. Para maximizar la oportunidad a otros, los niños no asisten todos los días, sino que reciben las tres terapias (lenguaje, ocupacional y psicológica) en conjunto a lo largo de la semana. Cada sesión individual en cada área dura media hora.

Cindy Mendoza, terapista ocupacional de apoyo, describe las terapias cognitivas, que abordan aspectos como la memoria, el orden, el color y la motricidad fina y gruesa. Por su parte Camila Triviño, terapista de lenguaje, se enfoca en habilidades de comunicación, articulación y socialización. Ella ilustra el impacto de la sala con el caso de un niño que, tras casi un año de participación, dejó de gritar y caminar de puntillas, y ahora "entiende la rutina de la sala. "Llega, se saca los zapatos, se sienta solito y empieza a trabajar", explicó. Sin embargo, estas profesionales aconsejan sobre la importancia del seguimiento o refuerzo en casa, informando a los padres sobre actividades para practicar en las terapias de sus hijos.

Acceso y el obstáculo económico

La sala se mantiene gracias al apoyo municipal. El servicio es gratuito para las personas de escasos recursos y en situación de vulnerabilidad. Para el resto, existe un esquema de costos subsidiados:

  • Valoración Inicial: $20 por los tres profesionales.
  • Valoración con Carné de Discapacidad: $10 (50% de descuento).
  • Atención de Terapia (sin carné): $5 por sesión.
  • Atención de Terapia (con carné): $2.50 por sesión.

Para inscribirse, los padres pueden acercarse al Patronato, contactar directamente a la terapista o informarse a través de las redes sociales del centro de discapacidad. La terapista Franco facilita la gestión de turnos por teléfono a las familias que viven lejos, buscando evitarles el gasto de traslado solo para obtener información.

La demanda que exige una segunda sala

El mayor desafío de la sala es la enorme demanda que ha generado. A pesar de haber comenzado con solo 20 niños, el centro está al máximo de su capacidad con 92 beneficiarios. La discrepancia entre las 283 valoraciones realizadas y los 92 niños atendidos se debe a que muchas familias abandonan el servicio por dificultades económicas, más allá de la tarifa de la terapia. Las madres se quejan de tener que gastar en transporte o taxi para ir y venir, lo que afecta la sostenibilidad del servicio para ellas.

Para manejar la lista de espera, el centro accede a los turnos que dejan libres los padres que faltan a sus citas. Aunque la necesidad de expandir la cobertura es alta, la posibilidad de crear una segunda sala, que fue considerada como proyecto el año pasado, aún no se ha formalizado con un estudio para su ubicación. Mientras tanto, el personal se enfoca en mantener la única sala equipada y dando el servicio a quienes más lo necesitan.