La música en español cerró un capítulo imborrable la noche del 30 de noviembre, cuando Joaquín Sabina, una de las voces más influyentes de la canción iberoamericana, ofreció su último concierto en el Movistar Arena de Madrid. A los 76 años, el cantautor culminó la gira “Hola y Adiós”, una despedida que reunió a miles de seguidores que crecieron, amaron, sufrieron y soñaron con sus versos durante más de cinco décadas.

El espectáculo, cargado de simbolismo, repasó los momentos más emblemáticos de su carrera y dejó un mensaje claro: Sabina se despide de los escenarios, pero no de su público. Entre ovaciones y emoción contenida, el artista agradeció la fidelidad de quienes, generación tras generación, han encontrado en sus canciones un refugio emocional.

“Gracias por dejar que mis canciones se colaran en la memoria sentimental de varias generaciones”, expresó mientras el público lo aplaudía de pie.

Su nueva vida: lejos de los focos, cerca de sus pasiones

El retiro no llega de improviso. En entrevistas previas, Sabina ya había adelantado que su etapa de giras estaba llegando a su fin. Pero esta vez lo confirmó con claridad: no habrá más conciertos ni grandes escenarios.

El artista aseguró que ahora quiere dedicarse a una vida más pausada, en la que podrá reencontrarse con rutinas cotidianas que siempre disfrutó pero que la fama y la agenda internacional le arrebataban.

Su plan de retiro incluye:

  • pasar más tiempo en su casa de Madrid,

  • dedicarse a la lectura,

  • pintar con mayor frecuencia,

  • observar el mundo desde la intimidad,

  • y disfrutar a su esposa Jimena Coronado y a sus hijas Carmela y Rocío.

Sabina lo resume con una frase que define esta nueva etapa: “Leer, pintar, observar el mundo desde la ventana de mi casa... eso me llena ahora mismo más que subirme a un escenario”.

Sabina y la batalla contra la fama: “Ya no podía escribir en bares”

El cantautor también reflexionó sobre cómo su vida cambió con la exposición mediática. Durante años, su proceso creativo ocurrió en cafés, bares y espacios públicos donde recogía historias que luego convertía en canciones. Sin embargo, la fama alteró esa dinámica.

Sabina confesó que dejó de poder escribir en espacios públicos porque la gente se acercaba constantemente, lo que le quitaba la privacidad para crear. Ese cambio lo empujó hacia una vida más doméstica, que ahora abraza como su hogar natural.

La pandemia también reforzó esta introspección: encontró en el silencio y la calma una nueva forma de enfrentarse a la creatividad.

Un legado que trasciende generaciones

Más allá de su retiro, la huella de Sabina en la música es incuestionable. Sus letras poéticas, cargadas de ironía, calle, nostalgia y humor, redefinieron la narrativa de la canción de autor en España y América Latina. Desde “19 días y 500 noches” hasta “Por el boulevard de los sueños rotos”, su obra se convirtió en himno de varias generaciones.

Su influencia se extiende a cantautores contemporáneos, escritores, actores y artistas que han encontrado en su estilo un modelo de expresión honesta y sin artificios.

Un cierre digno de su historia

La gira “Hola y Adiós” significó más que una serie de conciertos: fue la forma en que Sabina eligió despedirse sin dramatismo, con el humor mordaz y la melancolía luminosa que siempre lo han caracterizado. Muchos de sus seguidores sabían que este final era inevitable, pero verlo materializarse provocó sentimientos encontrados: tristeza por su partida, pero gratitud por su obra.

A partir de ahora, el cantautor iniciará una vida centrada en la calma, la contemplación y la creación íntima, en un proceso que él mismo define como “liberador”.