La historia de Judith Macías, conocida cariñosamente como Yu, no comenzó en un gran estudio ni con una agenda llena de clientas famosas. Surgió en Portoviejo, entre sueños humildes, uñas pintadas por un dólar y el deseo profundo de construir un futuro distinto. Hoy, a sus 28 años, su nombre aparece entre los 10 maquilladores seleccionados a nivel mundial para el Miss Universo 2025, un logro que no solo la emociona, sino que la confirma como una de las artistas ecuatorianas con mayor proyección internacional.

Desde pequeña mostró señales de talento. A los 11 años pintaba uñas y a los 16 maquillaba a sus compañeras de colegio para concursos estudiantiles. A pesar de trabajar en un salón, no veía su pasión como una profesión seria... hasta que nació Summer, su hija. “Ella marcó un antes y un después en mi vida”, confiesa Yu, pues fue su bebé quien le dio la fuerza para apostar en grande por su futuro.

Con su hija de tres meses, emprendió el camino más desafiante: viajar cada semana de Portoviejo a Guayaquil para formarse profesionalmente. Salía a las 4h00 de la mañana y regresaba a las 8h00 de la noche. “Lo hice por ella, por ser su ejemplo”, recuerda.

Su salto en plena pandemia

Cuando la pandemia detuvo el mundo, Yu no se detuvo. Con una mesa de madera, sillas de plástico y un aro de luz, improvisó un estudio en el cuarto de su cuñado y comenzó a realizar transmisiones en vivo. Alguien le dijo que explicaba muy bien, y dejó que esas palabras encendieran una chispa: empezó a dar clases.

Tras la emergencia sanitaria, abrió su primer espacio con apenas cuatro alumnas en un cuarto prestado por su abuela en Colón, Portoviejo. Meses después se arriesgó aún más: instaló su academia en el centro de Portoviejo, pese al escepticismo de quienes dudaban de su visión. Pero Yu demostró que su intuición era más fuerte: para su tercera promoción ya tenía 50 alumnos.

El sueño Miss Universo

El 28 de julio de este año, recibió una noticia que cambiaría su vida: fue seleccionada entre los 10 maquilladores del mundo para el Miss Universo 2025, en Tailandia. “Lloré de felicidad al ver mi nombre en la lista y abracé a mi hija. Es el mayor sueño de cualquier maquillador”, cuenta con orgullo.

No fue un logro de la noche a la mañana. Cuatro años atrás, había audicionado por primera vez para el certamen y, aunque no fue elegida, aquella experiencia fortaleció su carrera. “Muchas misses empezaron a confiar en mi trabajo y mi escuela creció”, recuerda. Esa constancia la llevó también al Miss Universo Ecuador, a los Premios Juventud en Panamá, y a ser invitada a la Semana de la Moda de París, a la que no pudo asistir por temas de visa.

Una historia de esfuerzo real

Yu habla de su pasado sin vergüenza, pero con fuerza: vendió pollos, bolos, hizo carbón en madrugadas enteras y daba clases de bailoterapia para ayudar en casa. “Ser maquilladora ha sido una montaña rusa de emociones”, dice. Pero su trabajo, su disciplina y su calidez humana la han convertido en un referente para jóvenes que buscan un camino en el arte y el emprendimiento.

Su mayor logro está en casa

Aunque hoy forma parte del certamen de belleza más importante del planeta, Yu tiene claro que su premio más grande no está en Tailandia ni en los escenarios. Está en su hogar. “Mi mayor triunfo es tener una familia que amo y que me ama. Me siento afortunada”, dice con la voz entrecortada.

Así, la portovejense que comenzó pintando uñas por un dólar hoy maquilla reinas universales, demostrando que los sueños sí se cumplen cuando se trabaja con el corazón, la disciplina y el amor de una hija como motor.