Hace más de siglo y medio, en el corazón de un Manhattan que todavía no conocía los rascacielos ni el brillo del capitalismo, se extendía una herida abierta llamada Five Points . Era un barrio desbordado de miseria, donde el aire olía a sudor, cerveza agria y pólvora. El lugar era un hervidero de desesperanza: un punto de encuentro entre los sueños rotos de los inmigrantes y la furia de quienes se creían dueños de la ciudad.

En junio de 1977, los lectores de la revista Daily Variety se toparon con un anuncio que prometía contar la vieja historia de los bajos fondos de Nueva York, especialmente del Five Points. La publicación anunciaba el inicio de una película titulada Pandillas de Nueva York , dirigida por un joven cineasta que ya había sacudido Hollywood con Taxi Driver : Martin Scorsese.

La espera para ver Pandillas de Nueva York

Aquel aviso, sin saberlo, se convertiría en un símbolo de obsesión y perseverancia. Porque la historia que anunciaba no vería la luz sino veinticinco años después , cuando Pandillas de Nueva York finalmente se estrenó en diciembre de 2002.

Entre el anuncio y el estreno transcurrió casi una vida. Scorsese, que entonces soñaba con capturar en el cine la violencia primitiva de los orígenes de su ciudad, atravesó décadas de proyectos truncos, crisis de producción y la eterna pregunta: ¿cómo contar el caos?

Un libro de culto que contó la historia

Basada en el libro de culto Pandillas de Nueva York (1927), de Herbert Asbury , la película prometía una reconstrucción monumental de Five Points: el barrio donde inmigrantes irlandeses y nativos estadounidenses se enfrentaron a muerte por un pedazo de tierra y dignidad.

“Lo más difícil fue decidir qué historia contar”, confesó Martin Scorsese. Porque Pandillas de Nueva York no era solo una película de época: era la raíz misma de la ciudad moderna, el germen de la violencia , la corrupción política y la desigualdad que todavía palpitan bajo el asfalto neoyorquino.

Para levantar ese universo, Scorsese eligió un escenario improbable: los estudios Cinecittà, en Roma. Allí, durante meses, carpinteros y escenógrafos construyeron más de cien fachadas, callejones y tabernas sobre dieciséis hectáreas de terreno. Era una Nueva York nacida en Europa. Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis y Cameron Diaz dieron vida a personajes que parecían extraídos del mismo barro del siglo XIX.

La pelea entre los bandos

La trama se sitúa en 1862, cuando la Guerra de Secesión dividía al país y la inmigración masiva transformaba Manhattan en un hervidero de tensiones. Scorsese muestra cómo los recién llegados irlandeses, expulsados de su tierra por el hambre, se enfrentaban a los “nativos” -estadounidenses que veían su identidad amenazada- por cada calle, cada empleo, cada esquina.

El barrio de Five Points, descrito por los diarios de la época como un infierno de prostitución, enfermedad y delincuencia, se convierte en el epicentro de esa batalla por la supervivencia .

En los archivos del New York Times del 6 de julio de 1857 puede leerse la crónica de uno de esos días de furia: “Ladrillos, piedras y palos volaban por todas partes... los heridos yacían en las aceras, siendo pisoteados”. Y el New York Tribune de 1850 describía con crudeza la miseria cotidiana: “No es raro que una madre y sus dos o tres hijas -todas, por supuesto, prostitutas- reciban a sus 'hombres' al mismo tiempo en la misma habitación”.

Scorsese se apropió de ese material histórico para construir su propia leyenda, donde la sangre, la religión y la política se mezclan en un torbellino. Pandillas de Nueva York no es solo una película sobre el pasado de una ciudad ; es también la historia de un hombre, Martin Scorsese, que durante veinticinco años años se negó a soltar su sueño.