La decisión del gobierno de Daniel Noboa de imponer aranceles del 30% a las importaciones colombianas desde este 1 de febrero ha encendido las alarmas en la región. Mientras Bogotá amenaza con suspender exportaciones energéticas, el análisis técnico sugiere que la medida va más allá de lo económico. En diálogo con Manavisión Plus, el abogado y experto tributario Napoleón Santamaría desglosó por qué esta no es una "guerra comercial", sino una respuesta a la falta de control fronterizo y el avance del narcotráfico que asfixia al Ecuador.

-Abogado, con esta nueva tasa del 30% subiría el costo de los productos que vienen de Colombia. ¿Cómo afectaría esto la relación bilateral entre ambos países?

Yo creo que hay que hacer precisiones importantísimas. Primero: ¿esto es una guerra comercial? La respuesta es no. Con Colombia no tenemos ningún problema comercial. El problema es que el gobierno de Colombia, el gobierno del señor Petro, se ha convertido en un enemigo del desarrollo nacional del Ecuador. Deliberadamente abandonó el control policial y militar de sus fronteras y eso ha permitido que Ecuador sea invadido por cargamentos de cocaína que se producen y refinan en territorio colombiano. Somos víctimas de esa falta de control. Ya se le pidió cordialmente a Colombia que actúe y no nos han "parado bola". Por lo tanto, esto es un tema de seguridad nacional. Si no lo hizo por las buenas, tendrá que escucharnos por las malas.

-¿Entonces considera usted que está justificada esta decisión de imponer aranceles del 30%?

Más que justificada, es necesaria; no tenemos otra opción. Se le ha pedido más de 17 veces ayuda para controlar puertos y desmantelar cultivos, y Ecuador se ha quedado solo. Estratégicamente, es el mejor momento porque el señor Petro tiene una reunión en la Casa Blanca el 3 de febrero. Llegará allá con su vecino reclamándole que no hace lo suficiente contra el narcotráfico. El problema de la coca no es ecuatoriano, es colombiano, y no tenemos por qué asumir nosotros todo el costo de combatirlo. El culpable es el gobierno del señor Petro.

-¿De qué manera afecta esto directamente al bolsillo del ecuatoriano y en qué tipo de productos?

Nosotros le compramos a Colombia unos 2.000 millones de dólares y les vendemos 1.000 millones; ellos nos venden más. Importamos cosméticos, plásticos, partes automotrices y maquinaria liviana. Si suben los precios, el ecuatoriano puede dejar de comprar o buscar alternativas. Somos el socio más importante para sus manufacturas; por eso Petro debió darnos más valor. Por otro lado, Ecuador le vende atún, producido en nuestra capital mundial, Manta, banano y frutas premium. Si ellos no nos quieren comprar, podemos buscar otros mercados porque nuestros productos son de calidad mundial. Quien tiene más que perder en una ruptura comercial es Colombia.

-Uno de los productos que más compramos a Colombia son medicinas, y se estima que subirán un 30% o incluso más. ¿Qué se puede hacer para apaciguar este impacto?

Es una excelente reflexión. Con aranceles e impuestos adicionales como el ISD e IVA, el incremento de precios podría llegar hasta el 57%. ¿Qué puede pasar? Que dejemos de consumir o que los exportadores colombianos bajen sus precios para no perder el mercado. Yo le digo al consumidor: si sube tanto el precio, podemos reemplazar. Por ejemplo, los medicamentos de la India son de igual calidad y mucho más baratos. Las importaciones colombianas no son vitales para la actividad productiva y son fácilmente reemplazables. Insisto: el país merece esta ayuda internacional y este es un "jalón de orejas" necesario para que Colombia controle sus fronteras.

-Usted indica que Colombia ha colaborado poco. ¿No existe entonces una estrategia regional conjunta para luchar contra el narcotráfico en Sudamérica?

Hablemos de Manta, una ciudad emprendedora, turística y pesquera. Hace 10 años no teníamos estos problemas. Aquí no hay centros de refinación masiva de coca. El problema viene de fuera, pero los narcos encontraron debilidad institucional y corrupción en Ecuador para usar nuestros puertos. El gobierno de Petro abandonó al Ecuador deliberadamente. La reacción actual no es comercial, es un pedido para pacificar el país y volver a tener esa Manta llena de paz que siempre tuvimos. Hay reportajes internacionales que documentan cómo Colombia cedió el control de sus fronteras a mafias y guerrillas.

-Colombia le vendió a Ecuador 450 MW durante nuestra crisis energética. Ante esta nueva tasa, ¿qué pasaría si volvemos a necesitar su ayuda eléctrica?

La reacción del ministro de energía colombiano de proponer la suspensión de exportaciones es visceral y desmedida. Es como un vecino que invita gente violenta a su casa, otro vecino le reclama por la paz del barrio, y el primero se enoja y dice: "como me reclamas, ya no te vendo las dos cucharaditas de azúcar que siempre te doy". Lo correcto sería que los sectores diplomáticos se sienten a analizar el reclamo justo del Ecuador. El mundo ya le está diciendo a Petro que no es un vecino amistoso; incluso EE.UU. le suspendió la visa a su canciller. Colombia tiene que aportar en la solución del problema que ellos mismos han originado.

-Dada la relación histórica, ¿no debió Ecuador agotar mesas de trabajo con plazos establecidos antes de llegar a este extremo de los aranceles?

Ese es el "deber ser", pero Ecuador ya lo ha hecho, no solo este gobierno sino el anterior. Canales internacionales ya revelaban el abandono militar colombiano en fronteras como Tumaco. El estado colombiano cedió territorio a las bandas narco-delictivas. Ya que la diplomacia tradicional no funcionó, ahora que EE.UU. estará atento a la visita de Petro, esta medida es una carta de presentación estratégica para exigir resultados. Esperamos que la relación comercial florezca pronto, pero no vamos a permitir que un gobierno atente contra la seguridad nacional de los ecuatorianos.