El experto en comunicación política Carlos Merlo , socio director de la agencia internacional Victory Lab, llegó a Manabí para participar en un congreso académico sobre inteligencia artificial en la ULEAM.

Durante su ponencia, el especialista abordó el tema de la conversación artificial en la comunicación política, que definió como toda interacción no orgánica, como el uso de influencers pagados o mensajes coordinados para influir en la opinión pública.

Destacó que su exposición fue comprendida por los asistentes, quienes mostraron interés y realizaron diversas consultas. El especialista indicó que este tema es central en el trabajo que realiza su agencia, dedicada a diseñar estrategias comunicacionales para campañas. Afirmó que busca compartir su experiencia ofreciendo una o dos conferencias al año.

¿Qué papel juega el uso de la inteligencia artificial, de centros de generación de contenidos, en la vida cotidiana y especialmente en una campaña?

Yo todavía no veo lo malo; hasta ahorita tengo un diagnóstico positivo del uso. Generalmente, en campaña, la gente que la utiliza es para ahorrar tiempo, optimizar los recursos, generar resúmenes, no para obtener información, porque todavía la IA falla un poco. Ayer (miércoles) le preguntamos quién era alcalde de (Portoviejo), Manabí, y me dio el del anterior; no me dio el actual. Entonces, todavía no es confiable para sacar datos, pero sí para procesarlos. Si manualmente tienes los datos, la IA te hace el resumen. En consultoría política lo utilizan como potenciador y ha sido completamente positivo.

¿Es verdad que cada día hay más bots generando y direccionando contenidos digitales?

Sí, por supuesto. Un bot es una cuenta no orgánica que comparte espacio en el universo red. Imagínate que una estación de radio tiene una cuenta de Twitter, pero esta estación de radio no existe, no es una persona, pero sí comparte cosas. Entonces, para la plataforma, si trata a una cuenta inorgánica como bot, también tomaría las cuentas de las marcas, las cuentas que no representan a una persona. Es imposible tener un número (de bots).

¿Pero entonces cada día uno conversa más consigo mismo, con sus gustos, su historial de navegación y, más que cambiar, reafirma sus creencias?

Sí, por supuesto. Uno de los estudios que nos ayudaron a tener nuestra metodología es cómo el ser humano busca la comodidad de conciencia, la validación de sus creencias, y el algoritmo, sin estar pensado a propósito en eso, empezó a trabajar en rodearte de una burbuja de opiniones similares a la tuya, simple y sencillamente porque, cuando te aparece un contenido de algo con lo que no estás de acuerdo, o no le das “me gusta”, o lo pasas más rápido; cuando alguien está opinando algo que refuerza lo que tú crees, te quedas viendo, le das “like”, lo comentas, y entonces el algoritmo te empieza solamente a mostrar temas que validan tu opinión.

El efecto puntual que yo estoy academizando es en el que hoy la gente ya lo hace al revés, buscando la validación de cambiar de opinión: busca la opinión que lo haga ver más inteligente, que lo haga ver más capaz, hasta incluso más al día. Se ve mucho en México, un país sumamente machista en el que la infidelidad es algo de todos los días.

¿Hoy ya no se puede pensar una asesoría sin análisis de datos e investigación de mercados?

No, yo creo que nunca. Desde que no había redes sociales , siempre tenías que saber qué quería la gente, pero ahora menos. Yo me imagino qué pensaría un publicista de los 60 si le decimos que hoy la gente, de manera libre y cotidiana , sube lo que le gusta y lo que no le gusta, y tú lo puedes leer con dos clics, se vuelve loco.

Antes tenías que hacer encuestas, salir a la calle, incluso medir si subían tus ventas o no para saber si te fue bien, y hoy hay herramientas que, de verdad, en dos clics te dicen lo que opina la gente del chocolate, de lo que sea, y lo puedes redirigir.

Pero aquí hay un problema: cada día hay más encuestas e investigaciones de mercado que fallan garrafalmente.

Sí, hay que tener buenas herramientas. Nosotros, por ejemplo, tenemos unos aparatos de neuromarketing que le ponemos a la gente cuando está respondiendo una encuesta, que eso también se ha viciado, porque en México te pagan por hacer un estudio y la gente luego se dedica a eso, de eso viven, de estar de estudio en estudio, y entonces califican bien la marca o califican bien al político para que le vuelvas a hablar.

Yo les doy el cuestionario, los dejo que contesten lo que quieran, pero este aparato les mide la actividad cerebral y a mí me entrega si estaban mintiendo, si estaban enojados, si estaban sorprendidos, y ha tenido que ser así porque la gente lo contesta mal para que lo sigas llamando. Ya no nos fiamos de eso, utilizamos estos medidores de neuromarketing. El aparato como tal vale como 15 mil dólares cada uno, y el software, alrededor de 30 mil dólares anuales para todos los aparatos.

A nosotros sí nos da una certeza. Yo, por decir, grabo un video de un político y lo pruebo ahí: lo pongo a gente de distinta edad con el casco a que me conteste “me gustó” o “no me gustó”, pero este mismo casco ve si estaban viendo el comercial, si estaban viendo la cara del candidato, si se distrajeron , si se voltearon, si al momento en que salió y dijo una propuesta los sorprendió, los enojó o, de plano, los aburrió, no vieron nada, y de ahí vamos tomando decisiones.

Pero la vida no es solo redes sociales e influencia digital; hay medios tradicionales, conversaciones personales, errores y aciertos políticos, ofertas, así como candidatos con virtudes y defectos humanos. Lo digital influye, pero no determina...

Sí, todo sigue funcionando: la televisión, la radio; ahora pasaron de ser masivos a dar credibilidad. O sea, una noticia digital sí llega más rápido a más lugares, pero una noticia impresa en un periódico da un poquito más de certeza. Por eso nuestras estrategias incluyen medios tradicionales.

Evidentemente, el medio tradicional, que tiene filtros, que tiene muchísimos, que no puede publicar como sea. Ahí ponemos la noticia de la mejor manera que podemos; y luego, hacia abajo, en internet, es donde ya la robustecemos y vamos poniendo mejor. Pero siempre en un medio con historia, un medio tradicional. Hoy en día, una revista impresa, un periódico impreso, una transmisión de radio -no de internet, sino a través de AM o FM- da una credibilidad superior a un blog.

También depende de edades, conectividad, urbanismo o ruralidad, cultura, tiempo y realidad económica, solo por citar algunos puntos.

Sí, todavía en México hay lugares que no tienen 100 % de conexión a internet, en los que a lo mejor ya hay internet, pero la gente no puede acceder a él. La desigualdad en México, como en Latinoamérica, va a seguir.

Acá, en el doctorado, había una alumna que presentaba su tesis sobre cómo estas nuevas tecnologías de realidad virtual y de realidad aumentada podrían ayudar a la educación , y yo le decía: sí, muchísimo, pero estamos hablando de un país que en México hay escuelas que no tienen techo, que no tienen pizarrones, que no tienen suelo, que es de tierra; nada más las vas a segregar más.

Se habla mucho de la desaparición del papel con la llegada de los iPads. No ha pasado, simple y sencillamente, por un tema de desigualdad. Cuando todo el mundo pueda adquirir un iPad se podrá hablar de eso; mientras no, es lo mismo con la digitalización, con el aprendizaje.

Hoy se habla de lo mismo: inteligencia artificial para todos. Para que Chat GPT trabaje bien, pues sí necesita un celular de una capacidad un poco más alta que los que en la ruralidad se pueden acceder. La desigualdad, como tal, sigue permeando cualquier avance tecnológico porque, además, potencia a los que tienen dinero.

Así las cosas, ¿la gente cree menos en los sistemas democráticos?

Yo creo que depende de las personas. Lo que te decía: esta burbuja alrededor hace que confirmes lo que tú crees; entonces, el que no creía en la democracia ahora cree menos, porque tiene más acceso a teorías conspiratorias, a más gente que piensa como él, a gente más radical.

Quien era un demócrata empedernido ahora tiene acceso a más historias, a más gente, a más todo. La inteligencia artificial potencia las cosas, entonces, al que es inteligente lo va a hacer más listo. La IA, simple y sencillamente, es un reflejo tuyo, porque aprende de ti, o sea, de todo lo que tú le digas, y estos ejemplos que se hacen virales, que la IA contestó machista, entre otros, es porque va aprendiendo de ti.

¿Y la gente se traga más fácilmente una mentira?

Cada vez es más sencillo construir una narrativa con tu punto de vista, y cada vez se ve más real lo que se sube. Pero también por edades, por experiencias; las tías son las que siempre comparten, y ya me pasó que me manden algo y me pregunten: “¿Esto es verdad?”, y así.

¿Y una mentira puede cambiar el destino de una elección?

Sí, pero no tiene que ver con lo digital. Eso siempre ha pasado. De repente, con mis conferencias, mis libros, se me ha acusado de inventar las fake news, pero no. Ya lo decía el que era el publicista de Hitler hace casi 100 años: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Ellos no tenían internet, no tenían nada. Es un efecto 100 % humano el ser engañados, el tener la confianza, el tener la esperanza.

Pero no tiene nada que ver con el internet. Hoy el internet lo hace más rápido de llegar a muchos lados, pero eso siempre ha pasado. Tristemente, en política, siempre parece que la fórmula es prometer para llegar y, una vez llegando, ya ves qué puedes cumplir. Eso está mal, pero no es nativo de lo digital.

¿Qué temas importan o interesan ahora a la población?

Yo veo muchas críticas de parte del círculo rojo sobre cómo la clase media hacia abajo se entretiene con la televisión , con el internet, pero es una realidad completamente distinta.

En México, La Casa de los Famosos ocupa toda la conversación y la gente se queja: en lugar de estar hablando de las elecciones, están hablando de La Casa de los Famosos y se crea una conspiración de que la empresa lo sacó a propósito para que no se hable de otra cosa.

Sencillamente, la gente está cansada; la gente vive una realidad de violencia, de desigualdad, de tener que trabajar para vivir. Eso genera que busquen entretenimiento vacío, entretenimiento en Tik Tok. Es un escape. Yo creo que no se le puede exigir a la gente informarse o leer más.

Y la gente que sí tiene ese tiempo, no puede entender la otra realidad y, de repente, exigen otros contenidos, otras películas. Si te das cuenta, las películas, todo el entretenimiento, cada vez va siendo más vacío , más hueco, con menos contenido. Pero es al revés: no es que las televisoras lo hagan así para tener al pueblo, sino que la misma gente cansada es la que busca y elige qué consumir.