La reciente circulación de listas con supuestos nombres de personas infieles en Ecuador ha generado una reacción nacional marcada por la curiosidad, la indignación y la preocupación. A medida que el archivo se viraliza, también crece el interés por entender por qué este tipo de contenidos captan tanta atención y cuáles son sus consecuencias emocionales para quienes aparecen allí sin consentimiento.
Detrás de la difusión masiva actúa un impulso humano profundamente arraigado: la inclinación hacia lo prohibido. Este mecanismo psicológico impulsa a miles de usuarios a buscar, revisar y reenviar archivos sin verificar su autenticidad, provocando una cadena de amplificación que convierte una broma, un rumor o un acto de resentimiento en un fenómeno con capacidad de dañar reputaciones.
Según el psicólogo clínico José Mosquera, entrevistado por Manavisión Plus, este comportamiento colectivo refleja cómo el morbo digital se activa de inmediato ante lo desconocido y lo polémico. Para él, la necesidad de indagar y la facilidad de acceso en redes son dos motores que transforman cualquier contenido llamativo en una tendencia difícil de detener.
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El psicólogo aclara que la percepción de veracidad en internet puede ser engañosa. La repetición de un nombre en plataformas digitales no vuelve cierto un señalamiento, pero sí puede generar afectaciones reales en quienes son involucrados injustamente. En su opinión, las acusaciones, sean o no comprobables, ejercen un peso emocional considerable.
En este escenario, quienes carecen de herramientas emocionales suficientes pueden experimentar un deterioro profundo. Ansiedad, tristeza sostenida, irritabilidad y preocupación excesiva son algunas de las reacciones posibles ante la sensación de haber sido expuesto públicamente.
Mosquera destaca que la difusión de estas listas constituye una forma contemporánea de violencia digital. Al exponer datos sin autorización, se vulnera la integridad de las personas y se desata un ciclo de rumores que puede alterar dinámicas familiares y laborales. El especialista ha observado cómo estas tendencias provocan discusiones, pérdida de confianza y tensiones que afectan la convivencia cotidiana.
El señalamiento público también puede derivar en consecuencias profesionales. En entornos donde prevalecen los prejuicios, la presencia del nombre de un empleado en la lista podría generar decisiones precipitadas y afectar su estabilidad laboral, dijo. Este tipo de repercusiones, advierte Mosquera, trasciende el ámbito emocional y se extiende hacia la seguridad económica de quienes resultan afectados.
Asimismo, existen implicaciones sociales más amplias: el deterioro de la confianza comunitaria, la propagación de juicios sin fundamento y la normalización de prácticas de exposición pública que pueden derivar en conflictos graves.
En un contexto nacional marcado por la creciente inseguridad, la divulgación de nombres y datos sin control preocupa a los especialistas. Mosquera señala que cualquier archivo que recopile información personal puede convertirse en una herramienta que terceros utilicen para obtener beneficios ilícitos. Aunque no afirma que este fenómeno esté vinculado a grupos delictivos, insiste en que la exposición innecesaria aumenta la vulnerabilidad.
El psicólogo explica que muchas plataformas registran automáticamente información técnica como direcciones IP, lo que podría abrir puertas a usos indebidos por parte de personas con conocimientos avanzados en internet. Por ello, considera urgente que la ciudadanía comprenda que ingresar datos en páginas desconocidas no es un juego.
A esto se suma la falta de educación digital. Mosquera sostiene que las familias y las instituciones educativas deben promover hábitos de autocuidado, explicar los límites del uso de redes y enseñar a evitar prácticas que, por desconocimiento, puedan dañar a terceros.
El fortalecimiento emocional, indica el especialista, comienza en el hogar. La comunicación asertiva, la escucha activa, la comprensión mutua y los acuerdos dentro de las relaciones son pilares indispensables para enfrentar conflictos derivados de contenidos virales. En su práctica clínica, Mosquera observa que muchas parejas requieren aprendizajes para proteger su vínculo frente a rumores externos.
En el plano social, el psicólogo hace un llamado a ejercer criterio crítico antes de creer o compartir información digital. El avance de la tecnología, incluida la inteligencia artificial, dificulta distinguir entre contenidos auténticos y manipulados , lo que incrementa la necesidad de prudencia.
Finalmente, Mosquera invita a no alimentar el morbo colectivo ni a participar en dinámicas que puedan causar daño emocional o social. Recomienda buscar acompañamiento profesional cuando la situación lo amerite y priorizar la salud mental, la empatía y el autocuidado en todos los entornos.
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