El ingeniero Carlos Alberto Robalino Rodríguez explicó en un espacio de entrevista de Manavisión Plus los avances del kasuinico, un bactericida ecuatoriano para controlar el moko bacteriano. En el diálogo, detalló los procesos, hallazgos y desafíos que enfrenta la investigación agrícola privada en Ecuador.
Investigación del kasuinico: de laboratorio a campo
Desde el laboratorio hasta la finca, el equipo liderado por Robalino desarrolló pruebas iniciales con el kasuinico como bactericida contra el moko bacteriano, una enfermedad que amenaza la producción de plátano y banano en el país. En la caja de Petri se definió la concentración inhibitoria mínima, con la colaboración del CIBE ESPOL, centro de referencia en musáceas. “Hacemos una evaluación previa, perfilamos el producto, hicimos una recolección de muestras y la mandamos al CIBE ESPOL”.
Posteriormente, la dosificación obtenida en laboratorio se replicó en parcelas de la zona cero cuarentenada por Agrocalidad, para validar la efectividad del control en condiciones reales. “Tenía un buen perfil para control de esta bacteria, de Ralstonia solanacearum”, afirmó el ingeniero.
El especialista indicó que la estrategia combinó inoculación y tratamientos en plantas sanas e infectadas. "Hicimos en dos concentraciones el kasuinico, hicimos inoculación en plantas, se extrajo la enfermedad e inyectamos la enfermedad a las plantas sanas”. De esa forma, se midió la velocidad de infección, la sintomatología y la capacidad del producto para frenar la propagación bacteriana.
En los ensayos se observó que el compuesto actúa principalmente en la base del cormo, donde controla la colonización bacteriana. “Este producto controla alrededor del cormo, alrededor de la planta, y hace su control”, explicó Robalino. Añadió que esto permite que las raíces generen nuevo vigor y que las plantas logren racimos sanos en la cosecha.
El trabajo se realizó en zonas como Buena Fe, El Carmen y Quevedo, con apoyo de productores locales. “La fase experimental nosotros ya la concluimos. Nosotros hicimos tanto en campo como en laboratorio, con excelentes resultados”, aseguró. No obstante, destacó que la investigación continúa porque “cada conclusión abre nuevas preguntas científicas”.
Difusión, adopción y limitaciones
Robalino confirmó que el kasuinico ya se aplica en varias fincas y ha recibido una buena acogida por parte de los productores. “Seguimos nosotros haciendo ensayos en las haciendas que nos lo solicitan”, señaló. Actualmente, el producto se utiliza en áreas bananeras de La Maná y San Carlos, aunque aún bajo las directrices del protocolo de Agrocalidad, que exige erradicación de plantas infectadas y creación de un vacío biológico de hasta diez meses antes de la resiembra.
El investigador aclaró que el producto no tiene efecto sobre la fusariosis, enfermedad distinta al moco bacteriano. “En el tema específico de fusarium, no. Este de aquí, el kasuinico, está exclusivamente para el tema de moco bacteriano”, indicó. Sin embargo, su equipo mantiene otras líneas de estudio para atender ese problema.
Uno de los principales obstáculos para avanzar es el financiamiento. “Hasta aquí, con recursos de la compañía, el dueño se ha fajado”, afirmó Robalino, al señalar que la investigación se ha sostenido únicamente con capital privado. Explicó que no hay fondos públicos ni internacionales que respalden los ensayos, y que los procesos regulatorios del INIAP complican el registro de nuevos productos.
También, insistió en que la difusión científica es limitada y que se requiere mayor articulación entre academia, empresa y productores. “Lo que se necesita es mayor difusión. Programas como los suyos ayudan mucho a difundir la investigación que empresas están haciendo”, dijo. A su vez, mencionó la necesidad de más colaboración con universidades como ESPOL, UTM, UTEQ y Machala, que ya trabajan en foros sobre Fusarium y moko bacteriano.
Retos y perspectivas para el sector agrícola
El kasuinico representa una posible alternativa local frente al moco bacteriano que amenaza la economía agrícola ecuatoriana. Si se aprueba su registro y se amplía su uso, podría convertirse en una herramienta para prevenir pérdidas en cultivos de exportación. No obstante, Robalino advierte que el desarrollo científico enfrenta un “círculo vicioso” entre los altos costos y la falta de investigación oficial.
El ingeniero también propuso que el Estado evalúe mecanismos de apoyo a los pequeños agricultores, especialmente a través de subsidios o programas similares a los implementados para el control de la sigatoka. “Si el gobierno quiere ayudar a los pequeños productores (...) lo que va a necesitar es ese producto que diga moko bacteriano, pero no hay”, manifestó.
Finalmente, destacó la importancia de una regulación técnica flexible, adaptada a las condiciones locales y al ritmo de avance de las enfermedades. “Necesitamos muchos parlantes para poder difundir la investigación y adaptarnos a cada productor”, expresó, subrayando que cada finca enfrenta realidades diferentes.
El trabajo desarrollado por AGARISMAL S.A., en coordinación con CIBE ESPOL y bajo el liderazgo técnico de Carlos Alberto Robalino Rodríguez, evidencia el potencial de la innovación agrícola nacional cuando se combina con rigor científico y compromiso privado. Sin embargo, la consolidación del kasuinico como herramienta validada dependerá de la articulación institucional, la inversión sostenida y la confianza en la ciencia ecuatoriana.
La entrevista completa puede visualizarse en las plataformas digitales de Manavisión Plus.