Un colectivo de artistas denunció este sábado 6 de diciembre que la intervención gráfica realizada en una pared de la calle Loja, en Guayaquil, fue borrada parcialmente, pese a haber sido creada en abril de 2025 como un homenaje a los cuatro niños de Las Malvinas y un llamado público a la justicia.

En una pared de casi veinte metros, ubicada entre las calles Loja y Rocafuerte , permanecen apenas los restos del mural que recordaba a Ismael, Josué, Saúl y Steven, víctimas del crimen que conmocionó al país en 2024. Trazos incompletos, colores desvanecidos y nombres a medio desaparecer revelan el paso de brochas ajenas sobre lo que fue concebido como un acto de memoria comunitaria.

Las piezas pertenecían al Escuadrón Gráfico por la Memoria , un grupo integrado por exalumnos de la Universidad de Bellas Artes, cineastas y estudiantes de artes escénicas. Todos convergieron, por cuenta propia, para crear un espacio simbólico en homenaje a los menores mientras la investigación judicial continúa sin sentencia firme.

“Era un grito gráfico que no hacía daño a nadie”, Escuadrón Gráfico por la Memoria

María Fernanda López , docente universitaria y miembro del colectivo, explica que la obra se completó el 8 de abril de 2025, en jornadas que se extendieron hasta la madrugada. El objetivo, asegura, no era solo artístico: “Lo hicimos movidos por la indignación y por el dolor. Queríamos que nadie olvide lo ocurrido. Era un grito gráfico de memoria que no hacía daño a nadie ”.

Sin embargo, en agosto comenzaron a notar marcas de raspado en ciertos sectores. Con el paso de las semanas, los parches despintados aumentaron hasta que buena parte del mural quedó cubierto con una sola capa de pintura.

“Vimos que estaban borrando el mensaje. Nos preguntamos quién ordena esto y por qué” , señala López, cuestionando la intervención sin notificación previa ni explicación pública.

El arte urbano como espacio de duelo

El mural incluía frases como “¿Dónde están?” y “Justicia por los cuatro” , además de figuras que representaban la búsqueda constante de verdad en este caso. Para el colectivo, era un punto de encuentro para vecinos, turistas y artistas que reconocían en esa pared un espacio de denuncia pacífica.

Pero más allá de lo estético, la docente sostiene que la reacción social hacia la cultura urbana sigue cargada de prejuicios: “Aquí se estigmatiza el arte callejero. Lo asocian a vandalismo, cuando este mural fue un acto ciudadano profundamente humano”.

El grupo recalca que el borrado les arrebató un lugar simbólico donde la ciudad expresaba su duelo, su indignación y su exigencia de justicia.

Un espacio que podría desaparecer

La pared de la calle Loja es un referente para artistas locales y extranjeros desde hace años. Intervenciones temporales conviven allí como una especie de galería a cielo abierto. Por eso, el colectivo teme que, si continúa la remoción de obras, se pierda un sitio significativo para la comunidad creativa y para quienes mantienen vivo el recuerdo del caso Las Malvinas.

“El pedido es simple: no borren ese espacio. Es un lugar donde el arte habla por quienes ya no pueden hablar”, afirma López.

Hoy, solo los nombres de Saúl y Steven permanecen visibles . Los de Ismael y Josué ya no pueden leerse . Y mientras la pared se va cubriendo de un color uniforme, los artistas temen que también se diluya la memoria colectiva.