Un precio que cambia la historia del plátano ecuatoriano

Durante décadas, el cultivo del plátano fue considerado “el cultivo de los pobres”, debido a que los precios raramente superaban los 10 dólares por caja, y cuando lo hacían, apenas se mantenían por dos o tres semanas. “Por primera vez en más de medio siglo tenemos un precio representativo”, sostiene Torres, al subrayar que el nuevo valor del producto marca un antes y un después para miles de familias que viven de esta fruta tropical.

El plátano se ha consolidado como un componente esencial de la dieta ecuatoriana y parte fundamental de la canasta básica, donde ocupa el segundo puesto después del arroz. Su consumo, antes limitado a las regiones tropicales, se ha expandido a todo el país, América Latina y diversos mercados del mundo.

El dirigente explica que la crisis del sector se prolongó durante décadas porque el precio de exportación no cubría los costos de producción. Sin embargo, hoy el panorama es diferente: la demanda industrial ha aumentado y más de 60 plantas procesadoras han registrado un crecimiento de entre 25% y 30% en su capacidad de transformación de materia prima.

Manabí: corazón del plátano ecuatoriano

Históricamente, Manabí ha concentrado la mayor producción de plátano del país. Hasta el año 2020, esta provincia representaba el 80% de las 127.000 hectáreas cultivadas, aunque actualmente mantiene alrededor del 50% de esa superficie. Aun así, el sector genera más de 60.000 fuentes de empleo, entre directas e indirectas, convirtiéndose en un pilar de la economía rural manabita.

Dentro de Manabí, el cantón El Carmen es el epicentro del cultivo, con cerca del 60% de la producción nacional. Su ubicación estratégica, clima húmedo y tradición agrícola lo han posicionado como uno de los territorios más productivos del país.

No obstante, las enfermedades como el Moko han afectado la productividad en los últimos años. Esta bacteria, que ataca el sistema vascular de la planta, ha reducido los niveles de producción y forzado a muchos productores a implementar nuevas técnicas de manejo y control fitosanitario.

De la crisis a la expansión: un nuevo ciclo productivo

Pese a los retos, el sector platanero atraviesa una fase de expansión. Los altos precios y la recuperación del consumo han incentivado nuevas siembras. Según Torres, para el período 2025 se prevé un incremento de 25.000 hectáreas de plátano en todo el país. Esta tendencia podría equilibrar la oferta y reducir ligeramente los precios, aunque manteniendo rentabilidad.

“El plátano vuelve a ser atractivo para el agricultor”, afirma el presidente de FENAPROPE. En muchas zonas rurales, antiguos pastizales se están transformando en plantaciones, y los potreros que antes servían para la ganadería hoy se destinan al cultivo de plátano.

En contraste, algunos productores han optado por combinar el plátano con cacao, aprovechando el “compadrazgo” entre ambos cultivos. Esta práctica permite diversificar ingresos y optimizar el uso de la tierra, aunque ha contribuido a una leve reducción del número de hectáreas exclusivamente dedicadas al plátano.

Exportaciones y destinos internacionales

Del total de la producción nacional, el 70% del plátano ecuatoriano se consume dentro del país, mientras que el 30% restante se exporta. Dentro de este segmento exportador, Estados Unidos concentra el 70% de las ventas, seguido por la Unión Europea con el 20%, y el Cono Sur (principalmente Chile y Argentina) con el 10% restante.

Este comportamiento refleja una creciente demanda internacional, impulsada por el reconocimiento del plátano ecuatoriano como un producto de alta calidad y sabor característico. Además, la diversificación de mercados ha permitido al país reducir su dependencia de un solo destino comercial.

El alza del precio internacional, junto con la expansión de la industria local, ha generado un efecto positivo en toda la cadena de valor agrícola, desde los pequeños productores hasta los transportistas, empacadores y exportadores.

El impacto social: empleo y retorno al campo

La bonanza platanera no solo ha mejorado los ingresos rurales, sino que también ha reactivado el empleo agrícola. “De las 60.000 fuentes de trabajo que genera el sector en Manabí, una gran parte corresponde a labores de campo, transporte, empaque y procesamiento”, destaca Torres.

Sin embargo, el dirigente advierte que durante la última década el agro sufrió una deserción campesina masiva hacia las ciudades, motivada por la falta de rentabilidad. “En muchas comunidades de Manabí —afirma— los trabajadores del campo tienen entre 60 y 80 años. Los jóvenes migraron porque la agricultura dejó de ser una opción viable”.

El reciente repunte de precios tanto del plátano como del cacao ha reavivado el interés por regresar al campo. Muchos agricultores que habían abandonado la actividad ahora buscan recuperar sus terrenos o invertir nuevamente en producción, alentados por los nuevos márgenes de rentabilidad.

El desafío de la sostenibilidad y el relevo generacional

A pesar del momento favorable, FENAPROPE advierte que el futuro del sector depende de políticas públicas sostenidas. Entre los principales retos está la necesidad de garantizar asistencia técnica, control fitosanitario y acceso a créditos agrícolas con tasas preferenciales.

La organización también insiste en fortalecer los programas de relevo generacional, promoviendo la capacitación de jóvenes en buenas prácticas agrícolas, manejo de suelos y comercialización. “Sin jóvenes en el campo, no hay agricultura futura”, ha reiterado Torres en distintos encuentros gremiales.

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Asimismo, la federación ha propuesto articular esfuerzos con las universidades y centros de investigación para desarrollar nuevas variedades resistentes a enfermedades y con mejores rendimientos. La innovación, señala, será clave para sostener la competitividad del plátano ecuatoriano en los próximos años.

Un cultivo que impulsa la economía manabita

El plátano no solo representa un símbolo de identidad agrícola en la costa ecuatoriana, sino también una fuente vital de ingresos para miles de familias. En Manabí, su cadena productiva involucra agricultores, jornaleros, empacadores, transportistas, técnicos agrícolas y exportadores.

El cultivo también dinamiza economías complementarias como la fabricación de cajas, empaques, fertilizantes, servicios de transporte y mantenimiento de maquinaria agrícola. De hecho, el auge de precios ha incentivado nuevas inversiones privadas en infraestructura y tecnología para el manejo postcosecha.

Con un precio promedio de 18 dólares por caja, el plátano se convierte en un motor de estabilidad económica para el agro ecuatoriano. Los productores confían en que esta tendencia se mantenga, evitando los ciclos de crisis que históricamente afectaron a la actividad.

Retos futuros: mantener la competitividad sin sacrificar al pequeño productor

Uno de los principales desafíos del nuevo ciclo productivo será mantener precios justos sin afectar la competitividad. FENAPROPE plantea que el Estado establezca mecanismos de regulación y transparencia en la cadena comercial, para evitar la especulación o la concentración del mercado.

El gremio también busca que el crecimiento del sector no se traduzca en exclusión para los pequeños productores, que representan el 80% de la producción nacional y que, en su mayoría, trabajan parcelas de 1,5 hectáreas. Su acceso a financiamiento, asistencia técnica y mercados es determinante para sostener el equilibrio social en las zonas rurales.

El precio histórico actual ha devuelto esperanza, pero también impone responsabilidad: evitar que los ciclos de bonanza se repitan sin planificación ni protección al productor.