En una entrevista de Manavisión Plus, el analista económico y presidente de Econreport, Santiago Quezada desglosó las proyecciones de crecimiento, los desafíos del sector externo y la imperante necesidad de reformas estructurales para superar el estancamiento que afecta a Ecuador.
-Economista, para empezar, ¿qué se avizora y qué le espera a Ecuador en este 2026 desde su perspectiva?
Es curioso porque nuestro país pasa de salto y caída; esa es nuestra dinámica. El 2024 fue un año recesivo donde sufrimos por la crisis energética e inseguridad. El 2025 fue un año de "rebote", la economía se recuperó con fuerza, pero para este 2026 se espera una desaceleración. El Banco Central proyecta un crecimiento modesto del 1.8% del PIB. No es un signo de que la economía esté surgiendo o que haya inversión privada masiva; es un efecto rebote. Nuestro mayor reto sigue siendo el déficit fiscal, el Presupuesto General del Estado y la falta de recursos.
-¿Hay posibilidades de mayor mercado para Ecuador en 2026, considerando el aumento de exportaciones no petroleras como cacao, camarón o pitahaya?
Sí, el sector externo es uno de los pilares que ha sostenido nuestra economía; es una de nuestras "joyas". Tenemos un superávit y productos estrella como el camarón y las rosas que siguen creciendo. Como el mercado interno está deprimido, las industrias se están volcando al extranjero, no solo a Asia, sino a América del Norte. En contraste, en el tema petrolero no hay expectativa de crecimiento por la crisis institucional en Petroecuador y líos legales. La industria privada de exportaciones es la que está generando el gran apoyo.
-Para tener más mercado se necesita competitividad, ¿cómo lograr esa sinergia?
Es complicado con el sistema político actual. No hemos visto una iniciativa política de reforma para la productividad; la agenda política está destinada a la crisis de inseguridad y corrupción. Entonces, la pelota queda en la cancha de los privados, quienes están innovando para bajar costos por su cuenta. Se agradece el apoyo del Gobierno en acuerdos comerciales, como los acercamientos con Emiratos Árabes Unidos, pero la mejora de la competitividad viene hoy principalmente del lado privado.
-¿Podría afectar a Ecuador que Estados Unidos acceda al petróleo venezolano?
Las inversiones en Venezuela toman tiempo y su producción hoy solo representa el 1% del suministro mundial. Sin embargo, las refinerías estadounidenses están diseñadas para crudo pesado, igual que el venezolano y el de nuestra región amazónica. Lo que debemos hacer es buscar estrategias de diversificación de clientes. El mundo es enorme y el petróleo se seguirá demandando; no podemos depender de un solo grupo de compradores.
-¿Qué mensajes debería enviar el Gobierno a los inversionistas para generar confianza frente a la inestabilidad jurídica?
El Gobierno debe generar "camisas de fuerza" constitucionales para que la normativa tributaria no cambie a cada rato. Hoy, Ecuador es visto como inestable porque ante cualquier crisis, el Gobierno apunta a los bolsillos de los privados para "parchar" el presupuesto. La única forma de dar confianza es evitar que la política disponga de los recursos de los privados con tanta facilidad.
-Muchos expertos piden una reforma laboral contundente, ¿cuál es su postura?
Me remito a los datos: en los últimos 14 años no ha habido un incremento significativo del empleo adecuado, solo ha crecido el subempleo. Hay que reformar el Código del Trabajo. Debemos proteger derechos, pero también dar facilidades para contratar y que sea más fácil despedir; esa es la dinámica de un mercado laboral sano. Si queremos resultados distintos, no podemos seguir haciendo lo mismo.
-¿Qué oportunidades ve para Ecuador en el contexto geopolítico actual, por ejemplo, con Venezuela?
Si Venezuela intenta abrirse y genera un marco jurídico estable, podría ser un nuevo mercado para nuestros productos. El comercio es lo más sano que puede haber en las relaciones entre países.
-Sectores como minería o energía requieren grandes capitales, ¿qué incentivos faltan?
Lo principal es la estabilidad. Recientemente vimos nuevos impuestos a la minería que generan desincentivos. Además, hay un costo adverso: la seguridad privada. Si el Estado garantizara la seguridad en los campamentos, seríamos más competitivos. Los inversionistas se desincentivan cuando ven que deben gastar demasiado en protegerse porque el Estado no cumple su responsabilidad.
-El FMI y el Banco Central hablan de un crecimiento modesto hasta 2029. ¿Qué hacer para no ir por debajo del promedio regional?
Primero, subir la vara; un crecimiento modesto nunca será suficiente. Hay que arreglar la inseguridad de raíz, que es el principal freno. También hay que cambiar la visión de la política: hoy es "de políticos para políticos" (juicios, escándalos, redes sociales). Necesitamos que la política sirva a los privados. Qué maravilla sería ver noticias de que el sector camaronero o industrial alcanzó reformas para facilitar la creación de empleo.
-Sobre la migración y las remesas, ¿cómo incentivar a que la gente se quede en el país?
No hay que romantizar las remesas. La gente se va porque no encuentra empleo y por la inseguridad. Para cambiar esto, hay que generar empleo formal y reducir la violencia. El cambio está en dejar de hacer que la política se sirva a sí misma y empiece a servir al ciudadano que produce.