Para Johan Riascos , el fútbol no es solo un deporte, sino un escenario de revanchas personales. A sus 27 años, este delantero de nacionalidad colombiana se siente "un ecuatoriano más", agradecido por todo lo que el país le ha brindado. Sin embargo, su conexión más profunda es con Liga de Portoviejo, la institución que hoy le da sentido a sus días. Tras iniciar la temporada 2025 en otro club de la provincia, decidió retornar a "La Capira" con una misión que guardó en secreto pero que palpitaba en cada entrenamiento : conseguir el ascenso a la Serie B.
Esta meta no era un simple deseo profesional, sino una deuda pendiente. En una entrevista para Manavisión Plus, Johan Riascos confesó que se mentalizó día a día para regalarle esa alegría a la hinchada. A pesar de que el destino deportivo suele ser incierto, la determinación del atacante se mantuvo inquebrantable, impulsada por las dificultades que tuvo que superar antes de volver a vestir la camiseta verdiblanca.
La herida del 2024 y el camino a la redención
La historia de Johan Riascos tiene un capítulo doloroso que sirvió como combustible para su éxito actual. El jugador relató cómo en el 2024 vivió uno de los momentos más amargos de su carrera al fallar un penal decisivo. Aquel lanzamiento, que pudo significar la victoria y el ascenso en ese entonces, no ingresó al arco rival, dejándolo devastado. "Me sentí muy mal", admitió, revelando que durante un tiempo evitaba ver los videos en redes sociales que registraban ese fallo fatídico.
https://www.youtube.com/live/LF9li98ldfI?si=RLQOYvC52xu41v45&t=765
Sin embargo, ese error marcó un antes y un después. Lejos de hundirse, Johan Riascos entendió que debía reivindicarse. Desde aquel día, supo que su destino estaba ligado a una segunda oportunidad: debía volver, luchar y conseguir el ascenso con el club manabita. Todo el proceso vivido, con sus altos y bajos, fue necesario para forjar el carácter del jugador que el domingo se convirtió en héroe .
El gol que hizo rugir al Reales Tamarindos
La redención llegó en el momento justo. En el partido decisivo, cuando el cronómetro marcaba el minuto 39, Johan Riascos definió una jugada magistral que hizo estallar de júbilo al estadio Reales Tamarindos. No fue casualidad ni suerte; fue el resultado de horas de práctica, de visualizar ese instante y de perfeccionar cada movimiento. El gol devolvió la esperanza a la marea verdiblanca que abarrotó las gradas y desató una ovación ensordecedora por parte de hinchas, compañeros, cuerpo técnico y cronistas deportivos.
Tras la euforia, llegó la gratitud. Johan Riascos dedicó ese gol sagrado a Dios, a su madre, a su esposa y a toda su familia, su soporte incondicional. También expresó su agradecimiento a la dirigencia por permitirle volver y a sus compañeros por el esfuerzo conjunto. Hoy, con la misión cumplida, Riascos y Liga de Portoviejo miran al futuro, listos para seguir dándolo todo en cada partido de la nueva categoría.