El retraso de la maternidad se ha convertido en una realidad para muchas mujeres que priorizan sus estudios, el desarrollo profesional o la estabilidad económica antes de formar una familia. Aunque la medicina reproductiva ofrece nuevas herramientas para preservar la fertilidad, el paso del tiempo continúa siendo un factor determinante. Por ello, la salud reproductiva requiere una planificación oportuna y controles médicos periódicos, explicó la doctora Karina Jurado, ginecoobstetra y especialista en medicina reproductiva, durante una entrevista concedida a Manavisión Plus.

La especialista señaló que actualmente la ciencia permite ampliar las posibilidades de embarazo mediante diferentes tratamientos, pero aclaró que ninguno de ellos logra detener el envejecimiento natural de los ovarios. Cada mujer nace con una reserva ovárica determinada que disminuye progresivamente con los años, reduciendo tanto la cantidad como la calidad de los óvulos disponibles para lograr un embarazo.

Frente a este escenario, explicó que la congelación de óvulos se ha convertido en una alternativa para aquellas mujeres que desean postergar la maternidad sin renunciar a la posibilidad de tener hijos en el futuro. Este procedimiento permite preservar óvulos cuando todavía mantienen mejores condiciones biológicas, ofreciendo una oportunidad adicional para quienes aún no consideran adecuado iniciar una familia.

La edad sigue siendo el principal factor de fertilidad

Jurado explicó que el procedimiento de preservación de óvulos se recomienda realizar antes de los 35 años. A partir de esa edad comienza una disminución más acelerada de la reserva ovárica y aumenta el riesgo de que los óvulos presenten alteraciones que dificulten el embarazo o incrementen las complicaciones reproductivas.

Entre los riesgos asociados al avance de la edad mencionó una mayor probabilidad de abortos espontáneos, fallas en la implantación del embrión y alteraciones cromosómicas. Por esa razón insistió en que la decisión de congelar óvulos debe estar precedida por una valoración médica completa que permita conocer el estado real de la fertilidad de cada paciente.

La especialista indicó que esta alternativa no está dirigida únicamente a mujeres sanas que desean retrasar la maternidad. También representa una opción para pacientes que serán sometidas a tratamientos como quimioterapia o a medicamentos capaces de afectar la función ovárica, permitiéndoles preservar su fertilidad antes de iniciar esos procedimientos.

Ecuador incorpora nuevas alternativas reproductivas

La doctora destacó que este tipo de tratamientos ya se encuentra disponible en Ecuador y considera importante que cada vez más provincias cuenten con especialistas en medicina reproductiva. A su criterio, la posibilidad de acceder a estas técnicas permite que las mujeres puedan planificar su proyecto de vida con mayor información y respaldo médico.

Antes de iniciar cualquier tratamiento, explicó, resulta indispensable realizar una evaluación integral que incluya ecografías ginecológicas, estudios hormonales y análisis de la reserva ovárica. Estos exámenes permiten determinar la capacidad reproductiva de la paciente y establecer cuál es la alternativa más conveniente según su edad y condición de salud.

Los resultados también ayudan a identificar alteraciones que podrían pasar desapercibidas durante varios años, como baja reserva ovárica o enfermedades ginecológicas que afectan la fertilidad. Detectarlas oportunamente facilita tomar decisiones médicas antes de que disminuyan las posibilidades de embarazo.

La evaluación debe involucrar a ambos integrantes de la pareja

Durante la entrevista, la especialista recordó que las dificultades para concebir no siempre tienen origen femenino. El hombre también puede presentar alteraciones espermáticas o problemas testiculares que influyen directamente en la fertilidad, motivo por el cual los estudios deben realizarse en ambos integrantes de la pareja.

Explicó que cuando una mujer menor de 35 años mantiene relaciones sexuales durante un año sin lograr embarazo, se recomienda acudir a un especialista en fertilidad para iniciar una evaluación completa. Si la paciente supera esa edad, el tiempo de espera disminuye a seis meses debido al impacto que tiene el avance del reloj biológico sobre la fertilidad.

Los estudios permiten analizar factores hormonales, anatómicos y reproductivos tanto masculinos como femeninos. Con esa información es posible identificar la causa de las dificultades para concebir y definir el tratamiento más adecuado para cada caso, evitando retrasos innecesarios en el diagnóstico.

El embarazo requiere controles desde las primeras semanas

Una vez conseguido el embarazo, Karina Jurado señaló que los avances médicos permiten realizar controles cada vez más tempranos para conocer el estado del bebé. Entre ellos mencionó el test genético mediante sangre materna, que puede efectuarse desde las siete u ocho semanas para detectar determinadas alteraciones cromosómicas.

Posteriormente, indicó que la translucencia nucal alrededor de la semana 12 y el scan fetal (ecografía morfológica/anatómica) cerca de la semana 20 permiten evaluar el desarrollo anatómico del bebé e identificar posibles malformaciones congénitas que requieren seguimiento especializado durante la gestación.

Cuando se detecta alguna anomalía, la atención médica involucra no solamente al ginecólogo, sino también a otros especialistas y profesionales en psicología. El objetivo es brindar acompañamiento integral a la pareja para que pueda comprender el diagnóstico y tomar decisiones informadas durante el embarazo.

Hábitos saludables favorecen un mejor embarazo

Respecto al cuidado durante la gestación, la especialista explicó que un embarazo no debe entenderse como una enfermedad, sino como una etapa natural que requiere alimentación equilibrada, reducción del estrés y controles médicos permanentes. Reconoció que actualmente muchas mujeres afrontan mayores responsabilidades laborales y familiares, lo que incrementa la carga emocional durante esta etapa.

Entre las principales recomendaciones mencionó consumir proteínas, frutas, verduras y alimentos preparados adecuadamente, evitando carnes o pescados crudos durante el primer trimestre para reducir el riesgo de infecciones como la toxoplasmosis. También aconsejó disminuir el consumo de comida ultraprocesada y mantener hábitos saludables que beneficien tanto a la madre como al bebé.

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