Habitantes de la comunidad de Toalla Grande, en el cantón Montecristi, denunciaron la pérdida total de su sistema de abastecimiento de agua potable tras los deslaves provocados por la intervención milita en el cerro Montecristi y las intensas lluvias.

Según testimonios de moradores como Pablo Delgado y Santanamero Cruz, el movimiento de tierras en las cotas altas ha enterrado más de 500 metros de tuberías y pozos de captación, obligando a la población a consumir agua de lluvia o comprar tanqueros para subsistir.

El colapso del ecosistema y la captación hídrica

Históricamente, el Cerro Montecristi funcionaba como un regulador natural donde la vegetación permitía la purificación y retención del agua durante todo el año.

Sin embargo, los comuneros señalan que la deforestación y el uso de maquinaria pesada por parte de las Fuerzas Armadas han desestabilizado el terreno. "El cerro lo están desbaratando. Antes, los árboles aguantaban el agua, pero ahora toda la corriente se viene abajo trayendo lodo y piedras", afirmó Pablo Delgado.

Desde hace casi cuatro años, el cerro es un área militar reservada. En 2021, un proyecto para instalar un radar de vigilancia aérea como estrategia contra el narcotráfico sufrió un revés tras una explosión en la cima.

Pese al incidente, las discrepancias por la construcción de nuevas vías de acceso y el impacto ambiental de las obras de seguridad nacional no han cesado.

La sedimentación no solo ha destruido la infraestructura hídrica, sino que ha modificado el curso natural de las correntadas, señalan los moradores.

Durante las últimas precipitaciones, el lodo alcanzó el interior de las viviendas y dejó inservibles las mangueras que conectaban los reservorios. Familias como la de Santanamero Cruz han recurrido a métodos rudimentarios de recolección: "Dios nos da esa agüita de lluvia y la cogemos para cocinar; no tenemos otra opción desde hace más de un mes", relató.

Respuestas oficiales y restricciones de acceso

La preocupación aumenta, dijeron los moradores, ante la proximidad de la estación seca. La comunidad teme que, sin la protección de los "cañales" y árboles nativos removidos, el cerro pierda su capacidad de almacenar agua subterránea, condenando a los sectores aledaños a una sequía permanente.

El alcalde de Montecristi, Jonathan Toro, reconoció la gravedad de la situación e informó que existen al menos 87 familias afectadas (unas 500 personas) ya identificadas mediante fichas técnicas.

No obstante, Toro señaló un obstáculo crítico: el Ministerio de Defensa ha restringido el acceso municipal a la zona protegida en el cerro.

"Documentadamente tengo la respuesta de que no podemos ni siquiera ingresar para revisar o rehabilitar el servicio de captación", explicó el burgomaestre.

Ante esta negativa, el Municipio ha solicitado, a través del COE Cantonal, que se transparente el plan ambiental de la intervención estatal y se tomen medidas urgentes para restablecer el servicio.

Un riesgo latente a los deslaves

El temor de los habitantes no se limita al desabastecimiento. Existe un miedo a que la inestabilidad del terreno provoque deslaves de mayor magnitud que puedan sepultar a la población.

Los moradores describen las actuales correntadas como "brazos de mar" de lodo con una fuerza inédita, superior a la registrada durante los fenómenos de El Niño más intensos de décadas pasadas. (10).