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Santo Domingo
Un español al rescate del tsáfiqui

Todo comenzó hace tres años como una idea para un deber de ilustración.

Martes 16 Febrero 2016 | 04:00

 Unos alumnos de la carrera de Diseño le propusieron a Pau Ricart Masip, docente de la universidad Católica, elaborar un abecedario tsáfiqui.

A Pau Ricart le gustó la idea, tanto que decidió cristalizarla tras calificar la tarea.
“En nuestro medio no hay un material didáctico para aprender tsáfiqui”, dice el docente español de 38 años que vive en Ecuador desde hace cinco.
 
Otro de los motivos que movió a Masip a cristalizar el abecedario fue la conservación del idioma de los tsáchilas, que según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) está en peligro de extinción por no ser un lenguaje oral.
Pau asegura que el abecedario fue hecho con sus cinco sentidos, “acariciando el tsáfiqui”.
Durante meses las visitas a las comunas tsáchilas fueron constantes con la meta de empaparse de su cultura y captar su cosmovisión.
La primera página del abecedario inicia con la “a” de “ayan”, que significa “madre” en español y es ilustrada por una madre perezosa y su cachorro.
El libro puede ser leído en desorden y guarda consigo la riqueza de las leyendas tsáchilas.
Eso queda en evidencia al llegar a la “t”, de “tenka” o “corazón” es español y ver el dibujo de un hombre robusto en cuyo pecho se distingue un gran corazón.
“Es Abraham Calazacón,  quien según la leyenda murió de un paro cardiaco luego de recibir el beso de una cantante mexicana, cuya sombra está detrás de él”, expresa Pau.
Así en las páginas siguientes se observan objetos de la vida cotidiana de los tsáchilas, como un trapiche, mate y el arcoíris.
 
El español recibió la ayuda de su pequeña hija de seis años, quien fue el primer filtro para la publicación de las ilustraciones.
La publicación del abecedario fue posible por la participación de Pau en los fondos concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio, en donde se hizo acreedor a 8.000 dólares que sirvieron para la impresión de los textos, 500 en total.
300 de ellos serán entregados en las escuelas bilingües de la nacionalidad Tsáchila y 200 permanecerán en las bibliotecas de la provincia con el deseo de que quien los lea, empiece a amar el tsáfiqui, tal como lo hizo Pau Ricart, el español.