La relación bilateral entre Colombia y Ecuador atraviesa su punto más crítico tras acusaciones de bombardeos y una guerra arancelaria que parece no dar tregua. En diálogo con Manavisión Plus, el politólogo e internacionalista Mateo Amaya desglosó la reconfiguración geopolítica en la región, el papel de Estados Unidos y las verdaderas intenciones detrás de la narrativa del presidente Gustavo Petro.
-La tensión diplomática entre Ecuador y Colombia ha escalado a un nuevo nivel de incertidumbre. El presidente Daniel Noboa desmintió categóricamente las denuncias de su homólogo, Gustavo Petro, quien después confirmó que se había comprobado que la bomba en territorio colombiano es del ejército ecuatoriano. ¿Cuál es la lectura que se tiene en este momento desde Colombia sobre este nuevo impasse?
Pienso que es superficial centrarnos en quién lanzó las bombas; lo verdaderamente urgente es que, como países hermanos con una frontera compartida, desarrollemos una cooperación real contra el crimen organizado transnacional. Debemos reconocer que la crisis de violencia en Ecuador es, en gran medida, el resultado de que Colombia no ha podido contener el narcotráfico en su propio territorio, permitiendo que estas economías ilícitas se expandan. En lugar de pelearnos por incidentes diplomáticos o ataques específicos, como ha sucedido desde 2008, nuestros gobiernos deberían estar compartiendo inteligencia y uniendo fuerzas para frenar a los grupos armados que nos afectan a ambos.
-Mi inquietud va enfocada en las medidas económicas y esta tensión de acusaciones mutuas. ¿Son razonables o son consecuencias de estrategias geopolíticas que está aplicando Donald Trump en Sudamérica?
Con Donald Trump esto es un tema muy claro: Colombia dejó de ser el amigo más cercano de Estados Unidos. Con la presidencia de Gustavo Petro y las rencillas con el gobierno estadounidense, Colombia en tan solo un año y pico de la presidencia de Trump dejó de ser ese aliado clave. Lo que uno puede presumir es que Ecuador comienza a "sacar de taquito" a Colombia y se vuelve ese partner confiable de Estados Unidos para hacerle frente al crimen organizado, al narcotráfico y a la migración.
Es una reconfiguración geopolítica. Gustavo Petro sigue en la lista OFAC (Lista Clinton), que incluye a personas cómplices con el narcotráfico. Aunque hubo una reunión entre Petro y Trump a principios de este año, aún no existe la confianza. Esa necesidad de tener un socio en la región la está tomando Ecuador, precisamente por ser uno de los países más afectados por el crimen organizado. Ecuador se disputa con Colombia una relación más cercana con Estados Unidos, mientras el gobierno de Petro se ha caracterizado por deslegitimar los pilares de esa unión tradicional.
- ¿Quién saca provecho de esto? ¿Qué tan rentable resulta políticamente alimentar esta narrativa tras semanas de tensión y una guerra arancelaria que se incrementó en marzo?
Antes de eso, hay que decir que en una guerra arancelaria, Ecuador es el que tiene más que perder, pues depende mucho de la transmisión de energía eléctrica desde Colombia. Ahí uno no entiende muy bien las intenciones de Noboa o si no las pensó bien.
Pero sobre a quién favorece, creo que es a Gustavo Petro. Él no elabora este caso desde los canales tradicionales de la diplomacia o los cancilleres, sino que lo aprovecha para desviar la mirada de su política de "Paz Total". En Colombia, esa política es una negociación con grupos armados que ha fracasado: hoy tenemos 27,000 miembros de grupos criminales, cuando hace cuatro años eran 12,000. Se ha duplicado el número por priorizar el diálogo con grupos que solo tienen intereses económicos ilícitos. Al ver ese fracaso, presidentes populistas como Petro usan el "caballito de batalla" de la soberanía para ocultar que no están desarrollando una política militar para reducir a estos grupos.
-¿Cuál es el sentir y la percepción de los colombianos con respecto a esta realidad que viven actualmente ambos países?
Aquí en Colombia, como estamos en plenas elecciones presidenciales (la primera vuelta es en mayo), este tema del quiebre de relaciones no está tan en la agenda; está en cuarto o quinto lugar. Los colombianos están concentrados en temas internos como la crisis de salud y las elecciones. Gustavo Petro no ha podido desarrollar esa estrategia de dispersión con el tema de Ecuador porque los ciudadanos están muy enfocados en cómo el presidente ha dañado sistemas que, bien o mal, estaban funcionando.
-¿Qué ruta técnica deben seguir los mandatarios para acabar con este enfrentamiento de acusaciones?
Lo primero es que no se puede desarrollar diplomacia hablando de guerra en las redes sociales. Hay que ver si lo sucedido fue culposo o doloso. Noboa está desarrollando una política con Estados Unidos de bombardeos en la frontera y nuestras capacidades no son perfectas; pueden haber errores. Pero Petro está vendiendo la narrativa de que Ecuador bombardea de manera dolosa, algo que no cabe en la cabeza de los ciudadanos. Se requiere diplomacia para solventar esto y luego desarrollar una política conjunta. Colombia debe preguntarse qué está haciendo para ahogar a estos grupos, porque en Ecuador hay voluntad y en Colombia parece que no.
-¿Cómo queda la idea de una Sudamérica unificada tipo Unión Europea que se planteó hace años?
No, eso está en pañales. No existe voluntad de ningún tipo, ni siquiera comercial. Lo máximo es el Mercosur, que tiene sus propios problemas. Una unión transfronteriza real con políticas conjuntas es algo que no veremos en los próximos 10 o 15 años. Cada país está enfrascado en sus propios problemas internos.
-Para finalizar, ¿podría tener esto un impacto regional?
Yo diría que no; esto se quedará en el olvido. Noboa seguirá con su política contra el crimen organizado y en Colombia estamos a tres meses de las elecciones. Es muy posible que el próximo gobierno colombiano sea crítico de la "Paz Total", la desmonte y desarrolle una política más confrontativa y no tan dialogante con estos grupos que tanto daño nos han hecho. No veo una polarización regional de aliados.