Hay historias que terminan cuando suena el silbato final. Otras apenas comienzan. La de "¡Al empate, Calceta!" pertenece a este último grupo. Nació en una cancha de fútbol hace más de siete décadas, pero todavía camina por las calles de Manabí, aparece en las conversaciones cotidianas y resurge cada vez que alguien intenta remontar una situación imposible.
La mayoría de los ecuatorianos conoce la anécdota de memoria. Un equipo pierde por goleada, anota un gol cuando el partido está prácticamente sentenciado y, en medio de la euforia, un aficionado grita: "¡Al empate, Calceta!". Las carcajadas son inmediatas. La frase queda grabada para siempre.
Sin embargo, detrás de esa historia existe un detalle que ha sido repetido tantas veces que terminó convirtiéndose en verdad para muchos: el marcador. Durante años se dijo que Calceta perdía 11-0. Pero quienes investigaron el hecho y escucharon a los protagonistas sostienen otra versión.
La memoria de quienes estuvieron allí
Sergio Mendoza lleva tiempo siguiendo las huellas de aquella historia. Mientras realizaba una investigación para su tesis sobre el deporte en Calceta, buscó a personas que participaron en los primeros años del fútbol local. Entre ellas estaba Tulio Zavala, ya fallecido, quien aseguró haber sido uno de los jugadores presentes en aquel partido histórico.
Según Mendoza, Zavala era enfático cuando escuchaba la versión popular. "Aquí se está distorsionando el empate Calceta", le dijo.
El exfutbolista recordaba que el encuentro se jugó en 1955, en Bahía de Caráquez, adonde un club de Calceta acudió invitado para una jornada deportiva. Como era costumbre en la época, el equipo se reforzó con jugadores de otros clubes, entre ellos el propio Zavala. Al llegar descubrieron que enfrente no tenían a un simple club local, sino a una selección mucho más poderosa.
Entonces llegó la tormenta. Los goles comenzaron a caer uno tras otro hasta que el marcador reflejó un contundente 9-0. Para Zavala, allí está el dato que el tiempo modificó. No fueron once goles de diferencia. Fueron nueve. Y cuando Calceta consiguió el descuento, el resultado quedó 9-1.
Mendoza insiste en que esa versión proviene de alguien que estuvo en la cancha y vivió el episodio en primera persona.
El hombre que convirtió una derrota en leyenda
Aunque existen diferencias sobre algunos detalles, Alfredo Chumo coincide en lo esencial. La frase fue pronunciada por Justino Loor, conocido popularmente como el Mayor Tufiño.
Chumo recuerda que el personaje era un comerciante muy querido en Calceta. No era militar ni ostentaba ningún rango; el apodo lo acompañó durante años y terminó siendo más conocido que su propio nombre.
La escena ha sobrevivido gracias a la tradición oral. Calceta perdía 9-0 frente a Bahía. Cualquier posibilidad de remontada era imposible. Pero el Mayor Tufiño reaccionó con una mezcla de entusiasmo, humor y pasión futbolera. Se puso de pie y lanzó el grito que lo inmortalizaría: "¡Al empate, Calceta!"
La ocurrencia provocó risas entre jugadores, árbitros y aficionados. Aquella frase escaparía del estadio para convertirse en parte del lenguaje popular ecuatoriano.

"El pregonero que se volvió leyenda"
Aunque la frase nació en una cancha de fútbol, Martha Chávez ayuda a entender por qué Justino Loor, el Mayor Tufiño, terminó convirtiéndose en un personaje inolvidable para los calceteños.
Ella lo recuerda desde su infancia. Vivía cerca de su casa y era común verlo caminar por las calles ofreciendo mercancías. Lo hacía a su manera, con pregones que llamaban la atención de todos. De niña, incluso le causaba cierta incomodidad escucharlo gritar: "¡Enaguas arriba y calzones abajo!"
Martha confiesa que entonces no entendía el sentido de aquellas palabras y pensaba que el comerciante decía alguna grosería. Con el tiempo, su madre le explicó que se trataba simplemente de una estrategia de venta. Las enaguas habían subido de precio y los calzones habían bajado, por lo que el peculiar vendedor anunciaba las novedades a viva voz mientras recorría las calles.
Aquella imagen quedó grabada en la memoria de quienes crecieron en Calceta. Mucho antes de que la famosa frase futbolera lo inmortalizara, el Mayor Tufiño ya era conocido por su carácter extrovertido, su facilidad para llamar la atención y su costumbre de convertir cualquier situación cotidiana en un espectáculo.
Por eso, cuando aquella tarde en Bahía de Caráquez se levantó para gritar "¡Al empate, Calceta!", muchos reconocieron en esa ocurrencia al mismo hombre que durante años había recorrido las calles vendiendo sus productos con ingenio y buen humor.
La frase hizo famoso al personaje, pero el personaje ya formaba parte del alma popular de Calceta.