El hígado graso se ha consolidado como una preocupación médica creciente debido a su evolución asintomática, detectándose principalmente a través de hallazgos incidentales en exámenes de rutina. Así lo explicó el médico Maurizio Navia, quien precisó que el desarrollo de esta enfermedad está directamente vinculado con desórdenes metabólicos, hábitos alimentarios inadecuados y factores ambientales.

Según el especialista, quien estuvo en una entrevista en Manavisión Plus, la patología consiste en una acumulación excesiva de grasa en las células hepáticas (hepatocitos). Este fenómeno suele desencadenarse por un aumento desproporcionado en la ingesta de calorías o por un funcionamiento deficiente del metabolismo.

Origen multifactorial y diagnóstico

El doctor Navia aclaró una percepción común al señalar que el hígado graso no posee un origen únicamente alcohólico. Si bien la frecuencia y la cantidad en el consumo de bebidas alcohólicas representan un factor determinante, existen condicionantes genéticas y alimentarias esenciales. De este modo, personas no consumidoras de alcohol o que no presentan sobrepeso también pueden desarrollar la enfermedad por predisposición hereditaria o dietas ricas en carbohidratos y lípidos.

La condición se define como una enfermedad silenciosa dado que los pacientes raramente acuden a consulta por sospecha directa del malestar. "En la consulta son hallazgos; pacientes que van por otro tipo de patologías, pero al hacer un diagnóstico basado en imágenes o estudios de laboratorio, hallamos esta condicionante", afirmó Navia. Los indicadores clínicos suelen incluir la elevación de colesterol, triglicéridos, enzimas hepáticas, o la presencia de resistencia a la insulina y síndrome metabólico.

Progresión y consecuencias crónicas

El monitoreo periódico mediante ecografías permite identificar la evolución del hígado graso a través de tres estadios iniciales (grados 1, 2 y 3). El especialista advirtió que la falta de un tratamiento oportuno provoca el endurecimiento del tejido hepático, conocido como fibrosis. Si este cuadro avanza, deriva en cirrosis, la fase terminal de la afección hepática cuyo único abordaje definitivo suele ser un trasplante de órgano, afectando además el funcionamiento de otros órganos diana.

Hígado graso en la población infantil

Un aspecto que genera especial alerta en el sector de la salud es la detección temprana de hígado graso en niños y adolescentes. Navia subrayó que los menores no están exentos de este diagnóstico debido a la proliferación de dietas basadas en alimentos ultraprocesados o "chatarra" consumidos fuera del hogar, sumado a un marcado incremento del sedentarismo.

La falta de actividad física rutinaria perjudica el metabolismo juvenil, provocando niveles elevados de lípidos en sangre a edades tempranas y configurando un escenario multicausal para el desarrollo posterior de hipertensión arterial o diabetes tipo 1 y 2.

Finalmente, el profesional instó a la comunidad a realizarse evaluaciones periódicas y a mantener un control estricto de patologías preexistentes como la obesidad y la diabetes, enfatizando la necesidad de adoptar hábitos saludables desde el entorno familiar como medida fundamental de prevención.