Mucho antes de convertirse en uno de los puertos más importantes del Ecuador, Manta era conocida como Jocay, palabra ancestral que significa "La Casa de los Peces".
El nombre parecía anticipar el destino de una ciudad que, siglos después, encontraría en el atún el motor de su crecimiento económico y urbano. Hoy, Manta no solo es reconocida como la capital atunera del país, sino también como uno de los principales centros de procesamiento del mundo.
A inicios del siglo XX, la realidad era muy distinta. Manta tenía apenas unos pocos miles de habitantes y conservaba la apariencia de una pequeña caleta costera.
Sus calles eran de tierra o estaban cubiertas con cáscara de tagua; el comercio era limitado y la pesca se realizaba de manera artesanal.
Paradójicamente, el atún —hoy símbolo de la ciudad— no era apreciado comercialmente. En muchos casos, era descartado por los pescadores porque no existía una industria capaz de procesarlo, señala Eduardo Xavier Pico Lozano en su tesis doctoral "Historia de la industria pesquera y procesadora de atún en San Pablo de Manta, Ecuador".
El despertar industrial y el auge del puerto
Todo cambió en 1949 con la creación de Inepaca, la primera gran empresa atunera del Ecuador. Aquella planta marcó el inicio de una revolución económica para Manta.
La demanda internacional de conservas creció rápidamente y el puerto comenzó a atraer inversiones, trabajadores y nuevas tecnologías. En pocos años, la ciudad dejó de ser un poblado pesquero para convertirse en un polo industrial estratégico.
Las cifras reflejan la magnitud del cambio. Actualmente, el sector atunero ecuatoriano genera alrededor de 120 mil empleos directos e indirectos, y gran parte de esa actividad se concentra en Manta.
Ecuador es considerado uno de los mayores exportadores de atún procesado del mundo y líder regional en la industria conservera. Solo el complejo atunero de Manta mueve cientos de millones de dólares al año en exportaciones hacia Europa, Estados Unidos y Asia.
El crecimiento industrial obligó a transformar completamente la infraestructura urbana. Entre 1959 y 1969 se construyó el puerto de aguas profundas, una obra fundamental que permitió el ingreso de embarcaciones de gran calado.
En 1966 se creó la Autoridad Portuaria de Manta, institución que administró los recursos generados por la actividad marítima para financiar obras esenciales: pavimentación de calles, redes de agua potable, escuelas y hospitales.
Urbanismo funcional y expansión demográfica
Uno de los detalles más llamativos del crecimiento urbano mantense está en el diseño de sus calles. A diferencia de otras ciudades ecuatorianas, gran parte de la nomenclatura vial utiliza números en lugar de nombres históricos.
Esta idea fue impulsada por el empresario Otto Schwarz Klaeschen, quien buscaba facilitar la logística comercial y evitar cambios políticos en los nombres de las vías. El resultado fue una ciudad organizada en cuadrículas funcionales orientadas hacia el mar, señala Pico en su tesis por la Universidad de Cadiz- España.
El auge de la industria también redefinió barrios enteros. Sectores como Tarqui y Los Esteros dejaron de ser zonas periféricas para convertirse en centros industriales.
Con la llegada de empresas como Seafman (1966), Conservas Isabel (1976) y Mardex (1987), la demanda laboral creció de forma acelerada. Miles de personas migraron desde otras provincias atraídas por el empleo estable, provocando que la población pasara de ser una pequeña comunidad a llegar a las 300 mil habitantes.
Este dinamismo impulsó avances sociales . Muchas familias accedieron por primera vez a educación formal y universitaria. Incluso la conectividad aérea se vio beneficiada: lo que comenzó como una pista de carga terminó convirtiéndose en el Aeropuerto Internacional Eloy Alfaro.
Identidad cultural y el legado del mar
Más allá de la economía, el atún moldeó la identidad cultural de Manta. Su gastronomía se transformó en uno de los mayores atractivos turísticos de la región. El encebollado, el ceviche y el viche forman parte de una tradición culinaria profundamente vinculada al trabajo pesquero. Mercados, restaurantes y pequeños negocios familiares viven diariamente de esta herencia gastronómica.
Hoy, Manta es considerada "La Puerta del Pacífico". Su historia demuestra cómo un recurso marino fue capaz de cambiar el destino de una ciudad entera. Cada avenida, cada muelle y cada barrio construido frente al océano son testimonio de una transformación impulsada por el trabajo de miles de familias que encontraron en el mar una oportunidad de progreso y desarrollo.