Itamar Ben-Gvir lleva años construyendo su carrera política a partir de la confrontación. Para sus seguidores, es un defensor radical de la seguridad y del nacionalismo israelí. Para sus críticos, representa el rostro más extremo y peligroso del actual gobierno de Israel.

Esta semana, el ministro de Seguridad Nacional volvió a quedar en el centro de la polémica mundial tras difundir videos en los que humilla a activistas detenidos de la Flotilla Global Sumud, interceptada cuando intentaba dirigirse hacia Gaza.

Las imágenes provocaron rechazo incluso dentro de Israel. En uno de los videos, Ben-Gvir aparece agitando una gran bandera israelí frente a decenas de detenidos encorvados y aparentemente atados.

En otro, se burla de un activista arrodillado con las manos sujetas con bridas plásticas mientras le grita "Am Yisrael Chai" ("La nación de Israel vive"). Otra grabación muestra a los detenidos con la frente pegada al suelo, rodeados por guardias armados mientras suena el himno nacional israelí.

La reacción internacional fue inmediata. Francia anunció que prohibirá el ingreso del ministro a su territorio y buscará impulsar sanciones de la Unión Europea contra él.

Reino Unido, Canadá, Australia y otros países ya habían adoptado medidas similares meses atrás. Incluso el primer ministro Benjamin Netanyahu —su aliado político y socio de coalición— calificó las escenas como "contrarias a los valores y normas de Israel".

Sin embargo, lejos de moderar su conducta, Ben-Gvir parece alimentarse de la controversia. Su carrera política ha estado marcada precisamente por la provocación constante y por una habilidad poco común para transformar el escándalo en capital político.

De extremista marginal a ministro poderoso

Hoy tiene 50 años y ocupa uno de los cargos más sensibles del gobierno israelí, con control sobre la policía, el sistema penitenciario y unidades fronterizas en Cisjordania. Pero su historia comenzó en los márgenes más radicales de la política israelí.

Cuando era adolescente, el Ejército israelí le prohibió realizar el servicio militar obligatorio al considerar que sus ideas eran demasiado extremas. Años después sería condenado en ocho ocasiones por delitos relacionados con racismo y apoyo a organizaciones terroristas.

Ben-Gvir creció políticamente bajo la influencia del rabino Meir Kahane, líder ultranacionalista que defendía la expulsión de los palestinos y cuya organización fue considerada terrorista tanto en Israel como en Estados Unidos. El actual ministro nunca ocultó esa admiración.

Su primera aparición de impacto nacional ocurrió en 1995, semanas antes del asesinato del entonces primer ministro Yitzhak Rabin. Ben-Gvir y otros activistas lograron arrancar el emblema del automóvil de Rabin y lo mostraron frente a cámaras.

"Llegamos a su auto y también llegaremos a él", dijo entonces.

Poco después, Rabin fue asesinado por un extremista judío opuesto al proceso de paz con los palestinos. Aquella frase quedó grabada como uno de los episodios más inquietantes de la política israelí moderna.

Dos años más tarde, Ben-Gvir volvió a llamar la atención internacional al organizar protestas y amenazas que terminaron forzando a la cantante irlandesa Sinéad O’Connor a cancelar un concierto por la paz en Jerusalén.

La normalización de la extrema derecha

Durante años fue visto como un personaje marginal, demasiado radical incluso para buena parte de la derecha israelí. Pero el escenario político comenzó a cambiar.

El aumento de la violencia, el fracaso de los procesos de paz y el crecimiento del nacionalismo religioso abrieron espacio para figuras como Ben-Gvir. Su discurso duro contra los palestinos empezó a encontrar eco en sectores cada vez más amplios de la sociedad israelí.

Mientras tanto, él trabajó cuidadosamente su imagen pública. Estudió Derecho y se convirtió en abogado de judíos extremistas acusados de ataques contra palestinos. Paralelamente cultivó un estilo mediático directo, desafiante y eficaz frente a las cámaras.

Con tono jovial y respuestas rápidas, pasó de ser un activista radical a una figura habitual de la televisión israelí. Su salto definitivo llegó en 2021, cuando fue elegido por primera vez al Parlamento.  A partir de ahí, su ascenso fue meteórico.

En las elecciones de 2022, Benjamin Netanyahu necesitaba el respaldo de partidos ultraderechistas para regresar al poder. Ben-Gvir y su partido Poder Judío se convirtieron entonces en piezas clave de la coalición.

El premio fue enorme: el Ministerio de Seguridad Nacional.

Desde esa posición, Ben-Gvir amplió considerablemente su influencia. Supervisó a la policía israelí, promovió políticas de mano dura y alentó la distribución masiva de armas entre civiles judíos tras el inicio de la guerra en Gaza.

También defendió públicamente medidas extremas. Ha pedido deportar opositores políticos, respaldó la pena de muerte para palestinos condenados por matar israelíes y ha insistido repetidamente en limitar el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza, incluso en medio de advertencias internacionales sobre hambruna.

Francia prohibió al ministro israelí Ben Gvir la entrada al país por sus Agencias

Un aliado incómodo para Netanyahu

Aunque Netanyahu depende políticamente de Ben-Gvir, la relación entre ambos siempre ha sido tensa. El ministro ultraderechista presiona constantemente para endurecer aún más la ofensiva militar en Gaza y rechaza cualquier negociación con Hamás.

En 2025 incluso abandonó temporalmente el gabinete para protestar contra un acuerdo de alto el fuego. Su salida debilitó la coalición oficialista, aunque finalmente regresó cuando Israel retomó las operaciones militares.

Para muchos analistas, Ben-Gvir representa el símbolo del giro radical que ha experimentado la política israelí en los últimos años. Ideas que antes eran consideradas extremistas ahora forman parte del gobierno.

Pero también se ha convertido en un problema diplomático creciente para Israel. Las sanciones internacionales, las prohibiciones de ingreso y las críticas de gobiernos aliados reflejan el costo político de sus acciones.

Aun así, Ben-Gvir parece decidido a mantener su estrategia. Cada polémica fortalece su imagen entre sectores ultranacionalistas que ven en él a un líder dispuesto a desafiar tanto a los palestinos como a la presión internacional. (10).