El 4 de febrero de 2026, en Santo Domingo de los Tsáchilas, el Ministerio de Salud Pública entregó certificación a 13 parteras ancestrales luego de un proceso de identificación y capacitación, con el objetivo de coordinar su trabajo con los centros de salud durante el embarazo, parto y posparto, y mejorar la atención intercultural en el territorio.
Parteras de Santo Domingo no quieren quedar al margen
El acto no solo marcó una foto de reconocimiento: para varias mujeres fue, también, la posibilidad de seguir acompañando partos sin quedar al margen del sistema sanitario. En las capacitaciones se abordaron temas prácticos como señales de alarma, referencia oportuna, medidas de higiene, acompañamiento a gestantes y registro de atenciones comunitarias.
Entre las participantes, la voz de Teresa Salas resumió una idea repetida por distintas parteras: el oficio se aprende en casa, con las mayores, y se sostiene en la confianza. "Ser partera no es solo un trabajo...", dijo al explicar que su conocimiento viene de abuelas y madres, y que el acompañamiento a la mujer es parte central del proceso.
Un oficio que se ejerce en casa y con herramientas propias
Además de los certificados, se entregaron kits para la atención comunitaria del parto, con insumos pensados para sumar higiene y prevención de riesgos sin desplazar las prácticas tradicionales. Esa combinación —plantas, sobadas, observación y medidas básicas de seguridad— es la base de muchas atenciones fuera del hospital.
En ese escenario aparece el caso de una partera con más de 30 años de experiencia en partos a domicilio. Cuenta que su último parto fue hace dos años, antes de iniciar capacitaciones para certificarse; durante ese tiempo, se concentró en controles a embarazadas y en observar la posición del bebé, una habilidad que atribuye a lo aprendido de su abuela y a la práctica diaria.
Ella vive en la cooperativa Juan Eulogio en Santo Domingo y asegura que aún hay mujeres que la buscan para parir en casa. Dice que lleva sus herramientas, incluidas plantas medicinales para infusiones, y que el "toque" en el vientre guía parte de su lectura del embarazo. Para ella, ser certificada por el Ministerio de Salud significa respaldo para seguir atendiendo sin exponerse a conflictos por "quitar pacientes".
Entrega de kits y capacitación en Santo Domingo
Lo ocurrido en Santo Domingo se conecta con una línea nacional que el Ministerio de Salud ha venido empujando. En un reporte institucional de junio de 2025 se informó que existen más de 1.500 parteras articuladas al Ministerio y que en esa ocasión se entregaron 149 kits de parto a parteras y parteros en Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo y Pastaza, junto con capacitaciones para reconocer señales de peligro durante embarazo, parto y posparto.
Ese enfoque se apoya en una idea simple: si parte de los nacimientos y controles siguen ocurriendo cerca de casa —por costumbre, idioma, distancia o confianza—, la articulación con el sistema sanitario busca que una complicación sea detectada a tiempo y derivada sin demora. La apuesta es especialmente relevante en zonas rurales y comunidades con barreras de acceso.
En paralelo, desde el sector salud se han difundido guías y normas para ordenar esa relación entre saberes tradicionales y establecimientos de salud, una discusión que ya venía tomando forma años atrás con manuales y procesos de articulación.
Cuando el conocimiento debe ser compartido
En octubre de 2014, un reportaje del portal El Comercio alertaba que quedaban pocas parteras en la etnia tsáchila: se mencionaba que solo cuatro parteras tsáchilas ejercían en comunas como Los Naranjos, Peripa y Chigüilpe. También se citaba un dato del Plan de Vida: 27% de mujeres tsáchilas prefería dar a luz con una partera, por razones como confianza, costumbre, idioma o falta de recursos.
Doce años después, el panorama muestra avances en certificación y coordinación, pero mantiene un punto sensible: varias parteras señalan que la mayoría ya son adultas mayores y que enseñar el oficio a hijas y nietas se vuelve urgente para que el conocimiento no desaparezca. La certificación en Santo Domingo pone ese debate en el centro: reconocimiento y seguridad, sí, pero también continuidad (21).