La actriz británica Emilia Clarke abrió una de las etapas más difíciles de su vida al revelar que decidió congelar sus óvulos después de atravesar años marcados por el dolor físico y emocional. En una entrevista con The Times, la estrella de Game of Thrones habló sobre los aneurismas cerebrales que pusieron en riesgo su vida y cómo esas experiencias transformaron su manera de ver el futuro.
Clarke contó que tomó la decisión a los 35 años, en medio de un proceso de recuperación emocional y física. "Muchas otras mujeres de esa edad también lo están haciendo", expresó, al referirse al congelamiento de óvulos como una realidad cada vez más común entre mujeres que priorizan su bienestar o atraviesan situaciones complejas antes de pensar en la maternidad.
Dos hemorragias cerebrales que marcaron su vida
La actriz recordó que el primer aneurisma cerebral ocurrió poco después de terminar la primera temporada de Game of Thrones. Mientras entrenaba en un gimnasio, sufrió una fuerte hemorragia cerebral que la llevó de emergencia al hospital. Según contó, los médicos le advirtieron que sus posibilidades de sobrevivir eran apenas del 60 %.
Tras la cirugía, Clarke enfrentó problemas de memoria y llegó a pensar que su carrera había terminado antes de despegar. Sin embargo, decidió regresar a los sets de grabación.
Años después, mientras trabajaba en la obra Desayuno en Tiffany’s en Broadway, sufrió una segunda hemorragia cerebral. En esa ocasión, los médicos tuvieron que intervenirla mediante una cirugía craneal de emergencia para detener el sangrado.
"Tuve estas hemorragias cerebrales y no hice gran cosa al respecto. Simplemente volví al trabajo porque estaba viva y todo parecía estar bien", relató con honestidad.
La muerte de su padre y el síndrome del impostor
A los problemas de salud se sumó otro golpe devastador: la muerte de su padre en 2016. Clarke lo describió como una figura fundamental en su vida y confesó que aún le resulta doloroso hablar del tema.
"Le daría todo a cambio de un abrazo de él. Solo quiero eso", dijo emocionada durante la entrevista.
La actriz explicó que todas esas experiencias ocurrieron mientras alcanzaba la fama mundial gracias a su personaje de Daenerys Targaryen, una mezcla de éxito y tragedia que alimentó durante años su síndrome del impostor.
"Las hemorragias cerebrales y la muerte de mi padre ocurrieron al mismo tiempo que momentos de euforia anormal", comentó. "Eso me hacía pensar que nada era completamente real".
Una fama que no le permitió detenerse
Durante el auge de Game of Thrones, Clarke confesó que prácticamente no descansaba. Entre rodajes, películas y eventos promocionales, apenas tuvo tiempo para procesar todo lo que vivía.
"No sabía decir que no", reconoció. Según relató, durante los últimos años de la serie llegó a tener apenas dos semanas libres.
La pandemia de 2020 se convirtió en el primer gran momento de pausa en su vida adulta. Fue entonces cuando empezó terapia, redujo el ritmo laboral y comenzó a enfocarse más en su salud mental y emocional.
Actualmente, a sus 39 años, Emilia Clarke atraviesa una nueva etapa profesional. Además de protagonizar la serie de espionaje Ponies, también participa como productora del proyecto, consolidando una carrera que sigue creciendo después de haber superado algunos de los momentos más duros de su vida.