Luego del terremoto de 2016, Picoazá se convirtió en una parroquia comercial que comenzó a recibir compradores de distintos cantones de Manabí.
Sus calles se llenaron de puestos de ropa, zapatos, tecnología, plásticos, juguetes y una amplia variedad de artículos comercializados al por mayor y menor, lo que dinamizó la actividad económica del sector.
Alexandra Vera, propietaria de un local de lencería, contó que fue una de las primeras comerciantes en instalar su puesto en Picoazá, luego de que el terremoto del 16A destruyera el centro de Portoviejo, donde antes tenía su negocio.
"Como vivo aquí en Picoazá, me quedé aquí mismo", señaló Vera, quien recordó que pese a la tragedia, la actividad comercial de Portoviejo se trasladó a Picoazá.
Auge comercial tras el terremoto
La comerciante señaló que en los primeros años el movimiento comercial era constante y que todos los días había ventas, debido a la presencia de compradores provenientes de distintos cantones.
En una jornada normal, sus ingresos diarios por la venta de lencería y otras prendas de vestir superaron los 500 dólares.
De hecho, el crecimiento de las ventas la motivó a abrir un segundo puesto en Picoazá, atraída por la dinámica económica que se generó después del terremoto. Sin embargo, este boom comercial se redujo con el paso de los años.
Actualmente, Vera aseguró que las ventas han caído hasta en un 90 %, lo que ha impactado en su actividad. En un día normal, logra vender 20 dólares, mientras que en una jornada favorable sus ingresos pueden alcanzar alrededor de 100 dólares.
Debido a la reducción en las ventas, Vera reveló que estuvo cerca de la quiebra, ya que tuvo que cancelar créditos pendientes y terminó cerrando uno de sus locales.
Se ubicaron más de 400 comerciantes
Williams Vélez, comerciante de artículos tecnológicos, recordó que después del terremoto de 2016, en Picoazá se instalaron más de 400 puestos comerciales. "Desde el segundo día que ocurrió el terremoto empezamos a trabajar aquí", sostuvo.
Coincidió que sus ventas diarias podían superar los 500 dólares, pero a su criterio, la situación empezó a cambiar desde el 2020, con la aparición de la pandemia del covid, que afectó la dinámica económica del sector.

Según el comerciante, varios negocios y puestos comerciales no lograron sostener sus operaciones, por lo que algunos comerciantes se fueron a la quiebra.
Comerciantes esperan reactivar las ventas
Actualmente, en Picoazá permanecen alrededor de 100 negocios, entre módulos y locales arrendados para la venta de diferentes productos. Es decir, sobrevive un 25 % de los negocios, mientras que el 75 % cerraron sus negocios.
Jefferson Tejena, quien alquila un local para vender ropa deportiva, recordó que en los años posteriores al terremoto el movimiento comercial iniciaba alrededor de las 07h00 y se extendía hasta las 19h00, con una constante presencia de compradores, un panorama distinto al actual que las calles lucen casi vacías.
Tejena coincidió que el movimiento comercial comenzó a disminuir con la pandemia y la situación se complicó por los problemas de inseguridad.
A pesar de ello, los comerciantes sostienen que Picoazá mantiene una amplia variedad de productos y precios accesibles, por lo que esperan que los clientes regresen a comprar a esta parroquia.