Hoy, 16 de abril de 2026, se cumplen 10 años del terremoto de magnitud 7,8 Mw que sacudió la costa ecuatoriana a las 18h58 y golpeó con mayor fuerza a Manabí y Esmeraldas, en un episodio que dejó 663 fallecidos, miles de heridos, decenas de miles de desplazados y amplios daños en vivienda, salud, educación e infraestructura, según registros oficiales y evaluaciones técnicas del Estado.
La fecha vuelve a poner en primer plano uno de los desastres más severos del país en este siglo. El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional reportó que el sismo ocurrió frente a la costa ecuatoriana, en la zona de subducción entre la placa de Nazca y el Bloque Norandino, con intensidades de hasta IX en la escala EMS-98 en Pedernales, donde se registraron algunos de los daños más severos.
El movimiento telúrico no solo alteró la vida de las poblaciones costeras durante aquella noche, sino que abrió una etapa de emergencia, rescate, albergue y reconstrucción que todavía forma parte de la memoria colectiva de Ecuador. En Portoviejo, por ejemplo, para este 16 de abril se han programado actos conmemorativos por los diez años del 16A, mientras continúan espacios de homenaje a las víctimas.
La dimensión de la tragedia
La evaluación oficial de costos de reconstrucción señala que, un mes y medio después del sismo, el saldo llegó a 663 personas fallecidas, tras sumar a las 661 muertes inicialmente atribuidas al terremoto dos decesos más vinculados a réplicas posteriores. Ese mismo documento detalla que en los días siguientes se reportaron 231 personas desaparecidas, de las cuales la mayoría fue localizada con el paso de las semanas.
En el plano humano y social, la afectación fue masiva. La evaluación estatal estimó 80.000 desplazados, de los cuales cerca de 30.000 se resguardaron en refugios y albergues. Además, durante las primeras 72 horas se registraron 4.859 heridos y otras afectaciones directas, con más del 95 % de esos casos concentrados en Manabí.
La Secretaría de Gestión de Riesgos, en su informe de situación del primer mes, también reportó 6.274 personas heridas y otras afectaciones directas, 28.678 personas albergadas, 12 desaparecidos y 113 rescatadas con vida, cifras levantadas dentro del proceso de atención inmediata.
Daños en vivienda, salud y educación
Las secuelas materiales del terremoto alcanzaron varias áreas estratégicas. El informe de reconstrucción del entonces sistema nacional de planificación identificó 35.264 viviendas afectadas. De ellas, miles fueron catalogadas como colapsadas, por demoler, inseguras o de uso restringido, tanto en zonas urbanas como rurales.
En salud, la misma evaluación determinó que 51 establecimientos resultaron afectados, entre ellos 48 establecimientos de salud y tres unidades administrativas. El documento añade que 12 centros de salud, seis clínicas generales y tres hospitales generales quedaron inoperativos, con una afectación que limitó el acceso a servicios para 593.000 personas.
El sector educativo también sufrió un fuerte impacto. La evaluación oficial identificó 875 instituciones afectadas y detalló que fue necesario habilitar espacios provisionales o reubicar temporalmente a estudiantes para sostener el inicio del año lectivo en la Costa.
Efecto económico y lecciones pendientes
La reconstrucción posterior al terremoto implicó una movilización extraordinaria de recursos públicos. Solo en vivienda, el costo estimado de reconstrucción fue de 652,8 millones de dólares; en salud, 241,4 millones; en educación, 434,8 millones; y en transporte, 244,3 millones, de acuerdo con el resumen ejecutivo elaborado por el Estado.
En términos macroeconómicos, la evaluación oficial calculó que, sin políticas activas, el sismo habría significado una reducción de 0,7 puntos porcentuales del PIB nacional. En Manabí, el impacto fue mucho más severo: la variación del PIB provincial asociada al desastre se estimó en -9,8 puntos porcentuales, con una pérdida de 21.823 puestos de trabajo entre empleo formal e informal.
A diez años del 16A, el terremoto sigue siendo una referencia central para hablar de memoria, reconstrucción y prevención en Ecuador. Los datos oficiales muestran que no se trató solo de un evento sísmico de gran magnitud, sino de una catástrofe con profundas repercusiones humanas, urbanas, sanitarias, educativas y económicas. La conmemoración de este 16 de abril de 2026 revive ese balance y vuelve a colocar en la agenda la necesidad de mantener estándares de construcción sismorresistente, preparación institucional y cultura de prevención frente a futuras emergencias.