El 8 de marzo se conmemora a nivel global el Día de la Mujer, una fecha para reflexionar sobre el avance y las deudas pendientes con la población femenina. Al enfocarnos en la mujer rural, las estadísticas revelan panoramas contrastantes. Según datos de 2024 del reporte de Cifras Agropecuarias de Género del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, en la provincia de Manabí existe un nivel de alfabetismo del 80,41 % en este sector poblacional, mientras que el analfabetismo alcanza un 19,59 %.
Además de estos índices educativos básicos, el mismo informe detalla otras realidades sociodemográficas importantes de la provincia en este Día de la Mujer. Se destaca que apenas un 5,79 % de estas ciudadanas logra acceder a la educación superior universitaria, evidenciando una brecha de oportunidades en el campo. En cuanto a su estado civil, el reporte oficial muestra que el 21,87 % de ellas se encuentra casada, lo que refleja dinámicas sociales particulares en la ruralidad manabita.
Desafíos institucionales y violencia
Johanna Zambrano, abogada e integrante del colectivo Tejedora Manabita, analiza esta situación en el contexto del Día de la Mujer. Ella advierte que la asistencia del Estado no llega de manera integral a los territorios rurales, donde la autoridad más cercana suele ser la tenencia política. Zambrano señala que hay una profunda desconfianza hacia estas instituciones, lo que provoca que muchas no denuncien las agresiones, generando impunidad y dejándolas en la indefensión absoluta.
Esta falta de protección estatal agrava los contextos de violencia, un reto imperativo a superar en el Día de la Mujer. Zambrano lamenta el retroceso en derechos adquiridos, como la eliminación del Ministerio específico para esta población y las reformas al COOTAD que afectan los presupuestos locales. Además, recalca que la autonomía económica es una herramienta potente para romper los círculos de maltrato, pero actualmente faltan proyectos y oportunidades laborales en estas zonas.
El cuidado como sostén social
Por su parte, Karen, estudiante de Sociología y Antropología de la ULEAM, aporta una mirada generacional en este Día de la Mujer. Ella destaca el rol fundamental de las abuelas y madres del sector agrario, quienes con su labor en la gastronomía y el conocimiento de plantas medicinales sostuvieron la economía familiar. Este trabajo no remunerado de cuidado ha sido el pilar que ha permitido a las nuevas generaciones acceder a estudios superiores.
A pesar de estos esfuerzos históricos celebrados en el Día de la Mujer, las barreras continúan existiendo, especialmente el llamado síndrome de la impostora. Karen explica que los patrones machistas de la sociedad hacen que muchas duden de sus capacidades para ocupar espacios de liderazgo. Sin embargo, resalta que a través de proyectos comunitarios, muchas ciudadanas están desarrollando nuevas habilidades financieras y comunicativas, fortaleciendo su participación desde sus propios barrios y comunidades.
Interseccionalidad y participación
Para entender a cabalidad estas problemáticas en el Día de la Mujer, es necesario aplicar un enfoque de interseccionalidad. Karen subraya que la experiencia de vida varía drásticamente; no es lo mismo residir en la zona urbana que ser una habitante montubia con acceso limitado a servicios básicos como el alcantarillado. Esta perspectiva permite dimensionar cómo las diferentes categorías sociales moldean las oportunidades reales de desarrollo personal y profesional.
El acceso a las aulas universitarias sigue siendo un tema crítico discutido en el Día de la Mujer. Zambrano indica que existen pocas extensiones académicas en las parroquias alejadas de la provincia de Manabí, citando el reciente convenio logrado en Puerto López como una excepción que debería multiplicarse. Ampliar la infraestructura educativa es vital para reducir la brecha histórica y garantizar que la paridad de género no sea solo una aspiración teórica.
Reivindicación de derechos
Ambas entrevistadas coinciden en que los logros conmemorados en el Día de la Mujer no han sido regalos, sino conquistas. Desde el derecho al voto obtenido por pioneras como Matilde Hidalgo, hasta la ocupación actual de cargos en la política, todo ha requerido un esfuerzo constante. Zambrano enfatiza que las representantes en la Asamblea y otros espacios públicos deben ir más allá de cumplir cuotas, mostrando una verdadera sensibilidad hacia las demandas femeninas.
Las voces desde el activismo y la academia urgen a no dar por sentados los derechos ganados y a continuar la lucha. Enfatizan que solo reconociendo el inmenso aporte de las trabajadoras del campo y garantizando inversiones reales en la prevención de la criminalidad, se podrá construir una sociedad genuinamente justa y segura.