Uno de los retos de mayor relevancia que hoy enfrentan las industrias, es la producción de alimentos para la población actual del planeta que ya supera los 7.600 millones de personas y según estimaciones de Naciones Unidas, en el año 2.030, existirán 8.600, un 14% más de personas para alimentar.

Como respuesta a este panorama, se está desarrollando con éxito la agricultura inteligente o ‘Smartfarming’, un concepto que se fundamenta en no desperdiciar nada: ni terreno, ni productos, ni recursos vitales como el agua.

Este uso de herramientas son el futuro para la conservación de la base de la agricultura: el suelo, a propósito del Día Mundial del Suelo, que se celebra el 5 de diciembre de cada año, según destaca un comunicado de prensa del Grupo BASF, empresa que trabaja en químicos, materiales, soluciones para la industria, tecnologías de superficie, nutrición y soluciones para la agricultura.

La información almacenada, el tratamiento de datos y el uso de algoritmos parecen temas que nada tienen que ver con el cultivo del campo, las siembras, la agricultura y mucho menos con la protección del suelo. Sin embargo, con el desarrollo y la innovación que se viene dando en el sector agrícola, estos conceptos que engloban a la agricultura inteligente se están haciendo cada vez más imprescindibles en las actividades de la tierra. Con la tecnología en el campo, el agricultor puede hacer seguimiento de sus cultivos de manera precisa para determinar, sin equívocos, dónde es conveniente intervenir.

Esta es una práctica sostenible, concebida para gestionar los recursos naturales de manera eficaz y disminuir el impacto de esta actividad en el medio ambiente. “Al hacer las aplicaciones de productos –agroquímicos y fertilizantes- de forma directa y precisa, no habrá residuos de estos que contaminen la tierra y el agua. De esa manera, se disminuyen, por ejemplo, los gases de efecto invernadero, la deforestación y se utiliza mejor el recurso natural”, explica Fernando Mora, coordinador de Gestión de Producto de BASF para Ecuador y Colombia.

Uno de los ejemplos de adopción de agricultura de precisión es la recolección y el análisis de datos que le permite al agricultor, además de monitorear mejor sus cultivos, predecir y detectar anomalías en ellos.

“A través de algoritmos e inteligencia artificial es posible calcular hasta en un 99 % la presencia de enfermedades y malezas. Esto, sin duda, es una gran ventaja en temas de productividad”, explicó el experto.

Además del beneficio ambiental, el uso de la agricultura inteligente derivará en ahorros y una producción sostenible al optimizarse los procesos.

En Ecuador son los cultivos de exportación los que están a la vanguardia de estos procesos de inteligencia agrícola. “La tecnificación en el campo es vital para la competitividad del país, pues el uso de estas técnicas que permiten producciones eficientes y seguras con el medio ambiente y el uso del suelo, siguen mejor los lineamientos de los entes de control que dan las certificaciones de calidad de los productos”, aseguró Mora. 

Otra adopción exitosa de la tecnología en la agricultura es la aplicación aérea. “En los drones se puede implementar ahora sistemas de GPS, de posicionamiento global y válvulas de flujo inteligente que nos ayudan a hacer aplicaciones de manera más eficiente y exacta”, comentó Mora.

Para los grandes productores en Estados Unidos, por ejemplo, el uso de drones para la inspección del campo, de tractores no tripulados, manejos de riego remoto, nivelación del suelo por láser y la utilización de sensores para aplicaciones exactas y seguras de agroquímicos, ya son imprescindibles.

La manera tradicional de trabajar la tierra está cambiando y la agricultura de precisión es la respuesta a los agricultores que quieren cultivos sanos, rentables y cada vez más sostenibles.  ‘Smartfarming’ asegura el futuro de la agricultura y por lo tanto, de la alimentación de las generaciones actuales y venideras que tendrá el planeta. Sin duda, el registro y digitalización de los datos que recoge esta tecnología se convierten así en el insumo más valioso para el agricultor y en el aliado más poderoso para la conservación del suelo cultivable.