Lo único que Martha desea es volver a abrazar a sus dos hijos y a su madre.
Pero 2.100 kilómetros de carreteras los separan. Ellos viven en el estado de Táchira, en Venezuela, y ella en la ciudadela Jaramisol, del cantón Jaramijó.
Una pantalla de celular ha sido, durante los últimos tres años, el contacto más cercano entre ellos.
“No quiero morir aquí en Ecuador. Quiero estar en mi país y cerca de los míos”, es el clamor de esta madre de familia, de 40 años de edad.
La grave situación económica de su país la obligó, hace tres años, a emigrar y buscar mejores días en el Ecuador. Martha es madre de cuatro hijos, pero los dos mayores, de 15 y 23 años, se quedaron en Táchira y los dos pequeños, de 4 y 9, residen con ella en Jaramisol.
“Allá en Venezuela había días que no comíamos y otros que sí. La situación era dura, difícil y agobiante”, contó.

Ella vio en Manta una buena oportunidad para prosperar y generar dinero para enviar a Venezuela.
El padre de sus hijos también vino y la ayuda cuidando los niños.

Ella vendía aliños, legumbres y tortas en las calles de Manta, pero hace un año todo se vino abajo.
Empezó con mareos, fiebre,  malestar en el cuerpo y hubo días en los que sentía que se desmayaba.
La pareja reunió dinero ya que la salud de Martha no daba señales de mejorar, sino más bien aparecían nuevos síntomas y malestares.
El resultado de varios análisis les cayó como un balde de agua fría a ambos.
Ella tenía cáncer de ovarios.
Tras varios días de gestiones la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca) acogió su caso. Ella veía como una buena señal el inicio de su tratamiento, pero la enfermedad avanzaba rápidamente.
Las sesiones de quimioterapia hicieron que pierda el cabello y la movilidad en casi todo su cuerpo.
La semana pasada llegaron más malas noticias para Martha. “En Solca me dijeron que ya no podían hacer nada por mí, que era mejor que me vaya a mi casa a descansar. El cáncer ha llegado a la fase 4, es decir en fase terminal”, relató la mujer  entre lágrimas.
Debido a la falta de movilidad necesita ayuda y por tal razón su esposo dejó de trabajar, para poder cuidarla. “Hay días que no tenemos para comer porque él tiene que cuidarme y no puede salir a trabajar”, contó.

Las lágrimas ruedan por su mejilla cuando asegura que anhela seguir viviendo, que quiere ver crecer a sus dos últimos hijos y volver abrazar a las mayores.
En Venezuela, Martha tiene dos hermanas a quienes les gustaría tener acá para que la cuiden, pero ni sus parientes ni ella tienen para costear el precio de los pasajes.
“Quiero estar cerca de mi mamá y de mis hijos. No quiero morir aquí en Ecuador. Le pido a las personas de buen corazón que me ayuden, así sea de un dólar o de 50 centavos. Al Gobierno que nos ayude con un vuelo humanitario para volver a Venezuela. Quiero volver”, dijo Martha.
A más del cáncer, a Martha le han detectado dos tumores en dicha parte del cuerpo lo que agrava aún más su estado de salud.