Lavar el arroz antes de cocinarlo es una práctica común que, según estudios científicos, mejora la textura, elimina impurezas y reduce contaminantes como el arsénico inorgánico. Expertos en nutrición y organismos internacionales, como la FAO y la OMS, respaldan esta técnica por sus beneficios para la seguridad alimentaria y la calidad del cereal, un alimento esencial en la dieta de millones de personas.
El Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile señala que enjuagar el arroz elimina el exceso de almidón superficial, lo que evita que los granos queden pegajosos y mejora la textura final. Además, esta práctica reduce residuos de polvo, pesticidas y partículas ambientales presentes en el cereal, incluso en productos sometidos a controles sanitarios.
Impacto en la seguridad alimentaria
El arroz, un pilar en la alimentación global, puede contener contaminantes como arsénico inorgánico, según estudios citados por la Harvard Medical School. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través del Codex Alimentarius, han establecido límites máximos de 0,30 mg/kg de arsénico total y 0,20 mg/kg de arsénico inorgánico en el arroz pulido. Estas organizaciones recomiendan el lavado y la cocción con abundante agua como medidas efectivas para disminuir la presencia de este contaminante.
Además, lavar el arroz contribuye a eliminar restos de tierra, insectos o residuos agrícolas que puedan persistir tras el procesamiento industrial. Aunque los controles sanitarios en muchos países son rigurosos, el enjuague doméstico se considera una precaución adicional para garantizar la higiene.
Beneficios nutricionales y culinarios
Investigaciones de la Harvard Medical School destacan que el lavado del arroz influye en la gelatinización del almidón. Este proceso resulta en granos más sueltos y menos pegajosos, un aspecto valorado en preparaciones culinarias de diversas culturas. Sin embargo, el impacto en la pérdida de nutrientes es mínimo, ya que el lavado no elimina significativamente vitaminas o minerales esenciales.
Por otro lado, el hábito de lavar el arroz está profundamente arraigado en tradiciones de Asia y América Latina, donde se prioriza tanto la limpieza como la calidad del plato. Según el INTA, esta práctica no solo mejora la experiencia gastronómica, sino que también refuerza la seguridad alimentaria al reducir riesgos asociados a contaminantes.
Recomendaciones prácticas
El Código de Prácticas del Codex Alimentarius sugiere enjuagar el arroz con agua limpia varias veces hasta que el agua salga clara. Este proceso eliminará el exceso de almidón y posibles impurezas. Asimismo, cocinar el arroz en una proporción adecuada de agua (generalmente 1:2 o 1:3, según el tipo de arroz) ayuda a minimizar contaminantes sin comprometer su calidad.
En conclusión, lavar el arroz antes de cocinarlo es una práctica respaldada por la ciencia que combina beneficios culinarios, higiénicos y de seguridad alimentaria. Aunque no es obligatorio, los expertos lo recomiendan como una medida sencilla para optimizar la calidad de este cereal fundamental en la dieta global.