La lucha contra el virus COVID-19 ha entrado a una nueva fase y la mayor preocupación de los expertos son las nuevas variantes. Todos los virus mutan y otros coronavirus mutan a un ritmo constante de más o menos dos por mes. Pero B.1.1.7, la llamada variante británica, ahora está causando una nueva ola de infecciones en los EE.UU., muestra 27 mutaciones del virus original, y 17 de esas mutaciones se produjeron simultáneamente en su réplica más reciente.

Los científicos que intentan explicar esta rápida mutación están apuntando a personas con sistemas inmunitarios débiles, como los pacientes con cáncer. En la mayoría de los casos, una infección activa dura aproximadamente una semana, el tiempo suficiente para adquirir solo una mutación, si hay una. Pero en los sistemas inmunológicos débiles, el virus puede adaptarse y evolucionar durante meses antes de transmitirse a otra persona, aumentando la posibilidad de mutaciones significativas. 
El peligro es que salga una variante resistente a las vacunas y los anticuerpos efectivos contra la infección original.
Las mutaciones que hacen que el virus sea más virulento o peligroso son muy raras, pero un estudio publicado la semana pasada en la revista “Science” dice que cuando ocurren, si comienzan a propagarse pueden reactivar una pandemia controlada. Debido a esto, los autores aconsejan que las personas con sistemas inmunitarios frágiles deben estar entre los primeros grupos en vacunarse, aunque tienen un mayor riesgo de reacciones adversas a las vacunas en general.
En personas con sistemas inmunológicos débiles el COVID-19 puede persistir durante 8 meses o más, lo suficiente para mutaciones múltiples, y otros virus pueden durar períodos más largos. Un hombre inglés ha estado excretando el virus de la polio durante 28 años. Debemos proteger y no estigmatizar a los “inmunodeprimidos” y monitorear la propagación de variantes nuevas y peligrosas.
Por supuesto, todo esto es teórico en Ecuador, donde la secuencia genética necesaria para identificar variantes se está haciendo solo en contados casos en algunas universidades de élite, por lo que no sabemos cuáles o cuántas de las variantes se están extendiendo aquí, aunque se han identificado la británica y la brasileña. 
Hasta ahora, gracias a Dios, las vacunas, mascarillas y desinfectantes parecen funcionar bien contra ellas.
Estamos en una carrera contrarreloj. Si podemos vacunar a suficientes personas antes de que el virus desarrolle resistencia, podemos reducir y eventualmente eliminar el contagio comunitario. Si perdemos la carrera y surgen cepas resistentes capaces de infectar a personas vacunadas o recuperadas de la versión original, volveremos a estar donde estábamos hace un año.
 
Michael Frederic Feldman