Actualizado hace: 14 horas 32 minutos
EDITORIAL
A Maruja Cedeño de Delgado (Horacio Hidrovo Peñaherrera | Telf. 05-2931387)

Vino al puerto de la montaña, vino de la fragancia verde, de los barrancos empinados, de los cañaverales con aliento verde, desde la ciudad de los cerros en punta, desde la sinfonía del autocarril, intérprete del más grande sueño de Alfaro, es decir, de los centros de producción; desde las balsas y su color blanco.

Martes 18 Noviembre 2008 | 19:36

Vino y se quedó en el puerto, frente a Manta; la vio, la respiró y se quedó danzando, fuertemente sobre el ballet de las aguas azules; se quedó junto a la vieja chalupa, esperando por su último viaje, bajo la ceja del viejo pescador, que como Santiago, se afirmó entre las telarañas de la frustración. Maruja Cedeño de Delgado, como tronco, desde las raíces hasta las ramas más distantes, ofreciendo a los jóvenes sabiduría y honestidad. Toda una vida junto al sueño de los desposeídos; humilde, buscando los pequeños atajos para llegar a la verdad, y por supuesto que la encontró, como Diógenes, El Cínico, el de la lámpara, el que iluminó los pequeños senderos para abrazar los grandes caminos, donde hoy los pueblos quieren respirar mejor, ensanchar los pulmones y despertar con proyectos verdes y esperanzados. Supo esperar, porque la espera está señalada para los grandes, para los estudiosos, para los lectores y críticos. Se empinó su figura para recibir la condecoración más alta que un ser humano ostenta, el Doctorado Honoris Causa. No lo buscó, no lo compró, se lo dan, se lo dieron, entre grandes aplausos, que se rompen como cristal fino. Por supuesto las campanas de su ciudad natal fueron remecidas por el viento, tocando el himno de los santanenses; gente sencilla, que amanece con el canto de los gallos, que más se viste de tristeza por los demás, que todos los días ensaya a la verdad y a la transparencia de acciones, porque bien lo sabe Maruja, que mañana, muy temprano, cuando el montubio afila su machete sobre la piedra blanca y las aves inician su primer vuelo, estaremos frente a frente conversando en una esquina del tiempo, porque como dice el principio, “sólo la muerte interrumpe el aprendizaje”.
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