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EDITORIAL
¡“Obamazo”! (Melvyn O. Herrera C. | [email protected] )

P ese a que las encuestas lo anunciaban, el hecho de que la nación –aún- más poderosa del mundo eligió a su primer presidente de color fue un garrotazo a los ultra conservadores y racistas que en buen número existen por todo el orbe; y aún así, con todo ese rompimiento de tradición e historia, resultó que no hubo ganadores ni vencidos, por la magnanimidad del elegido, la gallardía del derrotado y la madurez de los electores; y desde el primer momento, se empezó a respirar -invocado por los contendores- un espíritu de unidad nacional, donde destacó la expresión de MacCain, en su discurso de admisión de los resultados, al llamar al afroamericano Obama, “mi Presidente”, dándonos a la humanidad una magistral lección de hombría de bien.

Lunes 17 Noviembre 2008 | 20:39

Lo sucedido en los USA es algo que las sociedades, al igual que todo cuerpo viviente, ejecutan con periodicidad; es una especie de “cambio de la piel” de sus conceptos, especialmente cuando se agotan y fracasan éstos, y más aún si se reflejan en el nivel de vida de los pueblos, los que necesitan evolucionar y adaptarse a nuevas corrientes de pensamiento y acción. Igual pasó en nuestro Ecuador del alma, la seudodemocracia con los resultados que sufrimos después de la dictadura, alimentó la necesidad de coger otros rumbos ideológicos, y hete aquí que surgió un líder carismático, dinámico, comunicador, y con mil atributos más, que encauzó el descontento y frustración nacional; y de ello la realidad que estamos viviendo, que ciertamente, es aún temprano para aquilatarla, tomando en cuenta el maremágnum que existía, que todavía no halla reposo en el convivir diario; al contrario, las incidencias de la globalización, y los acontecimientos que el mundo está soportando en estos meses, ponen en riesgo la revolución iniciada. Sólo que las decisiones de nuestro Presidente Correa inciden en una realidad socioeconómica del tamaño presupuestario del aeropuerto de Miami (¡glup!), y las de Obama, queramos o no, en todo el planeta, y repercutirán hasta en la intimidad de nuestros bolsillos; de ahí que, sin tener vela en ese entierro, tanto como abrimos los ojos al accionar de nuestros gobernantes, ahora, y como invitados de piedra, debemos tenerlos bien abiertos a todo lo que ejecute el negro Presidente de los USA; recordando, que desde hace siglos fue así, pero nunca como ahora, en que todo está a la distancia de un click, y que poéticamente, el mundo se ha convertido en un pañuelo. Queda desearle a Obama la sabiduría y buena suerte que de veras va a necesitar, porque serenidad y humildad –parte de la sabiduría y donde verdaderamente se asienta la majestad del poder- ya las está demostrando, con lo que da ejemplo a otros Presidentes de pueblos que, no por ser más pequeños, dejan de merecer que quienes los dirigen ostenten esos atributos.
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