Actualizado hace: 1 hora 2 minutos
J. Maldonado F.
Las colas, una falta de respeto

Pasé por los alrededores del Banco de Fomento y observé hasta media cuadra, frente al edificio municipal, una cola de campesinos y personas de la ciudad; todos iban en busca de servicios que ofrecía el Banco, que los promocionaba, ya sea entrega de urea, de créditos u otros servicios. Y ese es el negocio del Banco; de eso vive, pues cobra –como es natural- por esos servicios.

Miércoles 12 Noviembre 2008 | 20:07

Sin embargo, el mantener por largas horas en la cola a toda clase de personas –hombres, mujeres, jóvenes, viejos, embarazadas- configura una falta de respeto a la persona humana, a los compatriotas que cumplen cada uno una función en la sociedad. Y pasé por frente a un distribuidor de material de construcción y me encontré con otra cola; esta vez para conseguir cemento; cuadras de carros esperaban que llegara el embarque desde Guayaquil. También es una falta de consideración y de respeto a clientes que llegan a dejar su dinero a cambio de un producto de libre comercialización en el país. Y en las oficinas de la Jefatura de Tránsito, otra cola mostraba la ineficiencia en la atención al público que es la razón de ser de la oficina. Y después pasé también por las oficinas de la Policía judicial y otra cola anunciaba la demanda de certificado de antecedentes personales (record policial); finalmente, para colmo, me arrimé a un banco privado, al más popular, al que más clientes tiene, al Banco del Pichincha, y me encontré con que toda su planta baja estaba llena de personas que hacían cola para realizar depósitos o cobrar sus cheques. En todos los casos, me pareció raro encontrar una suerte de resignación. Como quien dice: sabemos ya que son ineficientes, que no alcanzan a atender sus obligaciones en el tiempo en que deben hacerlo, qué le vamos a hacer… Digo que esa actitud no es la necesaria. Tenemos que exigir que se habiliten más lugares de atención, que sea la demanda de servicios la que determine cuántos puntos de atención deben funcionar; ya la autoridad de cada institución debe observar que, cuando un cliente no puede ser atendido inmediatamente, se necesita ampliar las posibilidades de atención. Se debería calcular lo que cuesta el tiempo de las decenas de personas que deben estacionarse frente a una ventanilla, en una larga cola, hasta que les toque el turno de ser atendidos; seguramente cada uno de ellos tiene también su propio sitio de atención al público o a su familia que también deberán demorarse en lo suyo porque alguien no supo atender adecuadamente a su cliente. Registro Civil, banco de fomento, policía, seguro social, hospitales, centros de salud, son departamentos del gobierno en los que las colas son permanentes; los bancos y cooperativas y los supermercados, son negocios privados en los que también se maltrata al cliente con las largas colas. ¿Es que no hay solución? ¿No sería posible montar una salita para que el cliente espere ante una tacita de café hasta que un amable oficial le invite a tratar su asunto? Qué va. La falta de respeto prevalecerá.
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