Actualizado hace: 14 horas 5 minutos
Diego C. Delgado Jara
¡Abramos los ojos!

Las instituciones más importantes, de las actividades fundamentales de nuestra sociedad, fueron destruidas en forma metódica y planificada desde el año 2007.

Lunes 08 Marzo 2021 | 04:00

Todos los normales de formación laica, herencia de la revolución liberal, fueron extirpados como tales: El Juan Montalvo y Manuela Cañizares, de Quito. El Leonidas García y el Rita Lecumberry, de Guayaquil. El Manuel J. Calle y Ricardo Márquez Tapia, de Cuenca. El Eugenio Espejo, de Chone. El Zoila Ugarte de Landívar, de El Oro. Y así arrasaron con todos los centros de formación de docentes para niños en todo el país. Lo sustituyeron con una “universidad” donde el núcleo central fue un conjunto de 86 profesores extranjeros de orientación regresiva.

Las facultades de Pedagogía de las universidades estatales fueron anuladas para que no surtan de maestros a los colegios del país. Las universidades estatales fueron depuradas y casi todos los profesores que habían nacido en las décadas del 40 y 50 del siglo anterior fueron excluidos, por sabios que fuesen, alegando que carecían de PhD. La docencia de las universidades fue tomada por los allegados al oficialismo en forma planificada, sobre todo por parte de quienes recibieron becas concedidas por razones políticas. La metodología nos recuerda los pasos que se dieron en el III Reich para domesticar al pueblo alemán. Un millón 200 mil jóvenes menores de 32 años quedaron fuera de las universidades con exámenes tramposos mientras a la par fomentaban el consumo de estupefacientes. En el campo de la salud desaparecieron desde el Instituto Nacional de Higiene “Leopoldo Izquieta Pérez” que funcionaba desde 1937, los hospitales neumológicos como el Alfredo Valenzuela, de Guayaquil. Excluyeron de sus actividades a miles de médicos, los más experimentados, aplicándoles el Decreto Ejecutivo 813, de las renuncias obligatorias.
Sabotearon a la Seguridad Social y nadie sabe dónde están USD 27.659 millones de esta entidad, según el propio exgerente del Biess. Asaltaron la administración de Justicia para convertirla en un trapiche social. Desnacionalizaron y debilitaron a las fuerzas armadas. Desaparecieron según el BID y la Organización de la Cooperación Económica, OCDE, de la Unión Europea alrededor de 70 mil millones de dólares. Destruyeron gran parte del aparato productivo el país con una lluvia de impuestos. Persiguieron a los medios de comunicación y procuraron silenciar a la sociedad. Se perdió la mejor oportunidad para impulsar el desarrollo nacional y brindar empleo a la juventud, entre otras.
¡Quienes actuaron como si su meta hubiese sido destruir el país, y con una intencionalidad tan perversa que parecería odiaban infinitamente a nuestra Patria bendita, no tienen derecho a volver a dirigir el país; peor con un fraude escandaloso que la ciudadanía repudia desde lo más hondo de su espíritu!  
 
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