Actualizado hace: 1 día 9 horas 2 minutos
Miremos hacia dentro
Miremos hacia dentro
Por: Childerico Cevallos
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Domingo 07 Marzo 2021 | 11:16

 Hace casi 12 años Manabí recibió del gobierno del iluminado del siglo XXI uno de los golpes más arteros contra su honra, al ser despojada, malévolamente, del derecho a dirigir su desarrollo con sus propios hombres.

La dignidad rescatada en las calles con el “gran paro” de 1962, hace 59 años, cuando la indiferencia estatal - como ahora - perjudicaba a Manabí, fue lesionada nuevamente el 2009 con el cercenamiento de la entidad de mayor empuje al progreso de la provincia como fue el Centro de Rehabilitación de Manabí, el entrañable CRM.
De manera deshonrosa, muchos manabitas, funcionarios en la época, bajaron la cabeza y, como en un circo de traición, saludaron al moderno César mostrando el servilismo conveniente solo a sus intereses.
El aeropuerto de Portoviejo, con 80 años en funcionamiento y sin ningún accidente en su bitácora, luego de haber recibido mejoramiento y extensión de su pista, el 2011 fue impunemente intervenido y cerrado, cortándole sus alas para decretar su desaparición.
La capital manabita fue prohibida a tener transporte aéreo, borrándola del mapa mundi de la aeronavegación, restándosele una entrada a su progreso. Y Manabí perdió un eficiente recurso de emergencia en calamidades y catástrofes.
Aquello se sintió en el terremoto del 16 de abril del 2016, fecha fatídica por la festinación de los miles de millones de dólares destinados a la reconstrucción. Aves rapaces medraron con la muerte de cientos y el dolor de miles. Muchísimos manabitas en desgracia siguen esperando ayuda.
El hombre del agro ilusamente espera la culminación del plan hídrico iniciado con el CRM para aprovisionar agua en represas, albarradas y acueductos que garanticen el líquido para consumo humano, animal y riego y controle las inundaciones.
Toda esta odiosidad se perpetró en un gobierno pasado muy cercano, dejándonos como un pueblo en retroceso. ¿Y quién protestó por esos atropellos?  ¿Dónde estuvieron las voces altisonantes que ahora reclaman?
Querer a Manabí y luchar por ella implícitamente significa que lo hacemos por sus habitantes. ¿Pero cuál es la realidad? Nos estigmatizamos, despreciamos, traicionamos al ceder a la nada digna práctica del acomodo personal con quien sea, entregándonos a la mínima seña hasta de  quienes nos someten.
Los hechos señalan que el peligro para Manabí está dentro de ella. Es una especie de masoquismo predominante. Por ahí leí que tropezar no es malo, encariñarse con la piedra, sí. Y eso es lo que la mayoría de los manabitas ha demostrado en las últimas elecciones.
¿Buscamos culpables de nuestro abandono? Miremos hacia dentro.
 
Childerico Cevallos Caicedo
chcevallosyahoo.com
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