Actualizado hace: 5 horas 44 minutos
Alicia en el Ecuador de las maravillas

Lunes 25 Enero 2021 | 10:47

 La despenalización del aborto es sin duda un tema controversial. Este artículo no precisa imponer una razón sobre esta cuestión, pero sí el accionar político que se genera a través de él.  

Hace poco Argentina, siguiendo un cauce administrativo democrático, aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. El Ejecutivo, a través de su presidente Alberto Fernández, envió el proyecto a las cámaras legislativas baja y alta, que luego de un largo análisis aprobaron dicha resolución. 
El principal argumento de dicha aprobación es la importancia de ubicar al aborto como un problema de salud pública y que la sociedad no puede evadir una realidad: la elevada mortalidad y morbilidad materna e infantil por la realización de abortos ilegales y en condiciones paupérrimas de clandestinidad. La ley procura también una contundente campaña de educación sexual, pero a la vez la responsabilidad del Estado de ofrecer a las mujeres salud sexual y reproductiva independientemente  si desean o no mantener el embarazo. 
En octubre del año 2013, tres asambleístas ecuatorianas (Pabón, Godoy, Buendía) plantearon la necesidad de defender la posibilidad del aborto en caso de violación. Inmediatamente el presidente de ese entonces, Rafael Correa, reaccionó eufóricamente e impuso su posición en contra de esa eventualidad, amenazando con renunciar si esa opción fuese aprobada,  y como si se emulara  el cuento de “Alicia en el país de las maravillas”, pidió enérgicamente que “les corten las cabezas”, políticamente hablando a quienes se insolentaban en contradecirle. Las tres “mártires” parlamentarias fueron sancionadas durante un mes por el partido de gobierno e impedidas de dar declaraciones a la prensa.  Lejos de tener un espíritu de amor propio y de libertad de pensamiento, se allanaron a la bravuconada del mandatario de turno.    
A diferencia de lo que sucedió en Argentina, en donde ese fue un tema analizado con responsabilidad y sin imposiciones de criterios personales,  en Ecuador de las mil y más maravillas esa importante decisión estuvo en los designios de una sola persona, aduciendo su ya trillada cantaleta e hipócrita religiosidad. He allí la importancia de crear instituciones fuertes e independientes entre sí,  y evitar a toda costa que asuman el poder dictadorzuelos capaces de controlar cada viento de libertad y de imponer su única voluntad. 
 
Pavel Saltos Pico
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