Actualizado hace: 4 horas 22 minutos
2021
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Por: Keyla Alarcón
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Miércoles 06 Enero 2021 | 11:06

 Mafalda dice que el año nuevo no es el que tiene que ser diferente, sino uno mismo y rescata que lo lindo de comenzar otro ciclo es que tenemos muchos días sin estrenar. 

Sí, el 2021, de manera simbólica, es un cuaderno en blanco en el que podemos anotar los encuentros, logros y triunfos que escojamos. Por ello sería bueno hacer un listado de lo que estamos sembrando, prever lo que cosecharemos y lo más importante empezar a trabajar por esos sueños. 
La tradición de quemar el año viejo es un ritual de purificación que en América Latina se sustenta en la creencia de destruir lo negativo, que el pasado quede pisado y que la mala suerte termine; así mismo se acompaña de la convicción de renacer, lo que es fantástico porque permite que cada individuo se obsequie oportunidades cada cierto tiempo. Sin embargo, no comparto que se tenga que esperar trescientos sesenta y cinco días para atraer salud, paz y bienestar, entre otras bondades, más bien creo que cada momento, cada segundo, tenemos la capacidad de transformarnos en mejores personas. 
Pero, claro, para alcanzar aquello, como enfatiza Gandhi, es necesario que lo que pensemos, digamos y actuemos esté en armonía, caso contrario podremos pasar empantanados cuarenta, cincuenta, sesenta años o toda la vida, lo que ocurre y en ese caso, como señala el jainismo, uno transitará por muchas vidas con la tarea de acumular suficiente karma para elevarse en un deva y allí liberarse. 
Empezar a trabajar por los sueños requiere planificación y preparación, el cambio no es fácil. El 2020 ha dejado conclusiones comunes; en lo personal se valora la salud, la vida y la unión familiar, se aprecia la libertad y la solidaridad y se anhela el equilibrio; como gobiernos alecciona sobre lo vital de una agenda honesta por la sostenibilidad, que es necesario priorizar la salud y la justicia social, cambiar los patrones de consumo, proteger los ecosistemas, trabajar por tecnologías que generen menores impactos, entre otras. 
Que la declaración de vestir de amarillo y atraer suerte y dinero se acompañe de arduo trabajo; que las velas azules para conquistar la paz se asistan con la belleza del corazón y cerebro; que las velas naranjas para desarrollar la inteligencia se acompañen de estudio y meditación; que el dinero dentro de los zapatos motive a madrugadas de organización y labor; que el deseo de encontrar amor se acompañe rodeándose de gente valiosa.  Los sueños se hacen realidad con acciones.  
 
Keyla Alarcón Q.
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