Actualizado hace: 4 horas 36 minutos
Galo Grijalva May
Equipo de rescate ECU-24

Jueves 26 Noviembre 2020 | 04:00

El pasado 14 de noviembre del 2020, en la ciudad de Guayaquil, en un proceso liderado por el Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias, se celebró la ceremonia de finalización del ejercicio nacional de movilización de equipos de búsqueda y rescate urbano (USAR, por sus siglas en inglés) en donde el Cuerpo de Bomberos Portoviejo, con su equipo USAR ECU-24, obtuvo la reacreditación de 32 rescatistas profesionales.

El ejercicio se desarrolló del 12 al 14 de noviembre, de manera extenuante, ardua y muy compleja, en él se pusieron a prueba las habilidades, conocimientos y destrezas de las unidades provenientes de todo el país. 
Entre las actividades que se efectuaron estuvieron la movilización, instalación de campamentos autosuficientes en todo sentido, para no demandar y consumir los recursos de la localidad, como lo establece el protocolo de la ONU, gestión documental, asignación de tareas como evaluación de las estructuras colapsadas (o por colapsar), acceso, búsqueda, localización, estabilización y extracción de víctimas, rescates con cuerdas, atención prehospitalaria de muy alto nivel y cierres de operaciones. Todo esto bajo el modelo del Sistema de Comando de Incidentes, originario de Estados Unidos y que hoy en día es una constante en la respuesta a emergencias por parte de Bomberos Portoviejo.
Este logro le pertenece a Portoviejo y a todo Ecuador, por el amor que los bomberos sienten hacia sus ciudadanos, así que no se puede atribuir este resultado al azar o la coincidencia. Esto es producto de la constancia del personal que, alejado de toda perturbación, orientó sus esfuerzos hacia un único objetivo: la excelencia, demostrando que en nuestro territorio existe talento, profesionalismo y un profundo afecto por el pueblo. 
Desde lo ocurrido en el terremoto del pasado 16 de abril del 2016, la meta ha sido clara para los bomberos: “salvar vidas, aun conociendo que, en el cumplimiento del deber, podemos perder la nuestra”.
Pretendo terminar este artículo, rindiendo un justo homenaje a estos hombres y mujeres valerosos, forjados por el fuego mismo, que, con abnegación y disciplina, alcanzan toda meta propuesta. Que este noble gesto sirva de ejemplo a las futuras generaciones como el mejor legado que podemos entregar, toda vez que nuestro destino aún no está escrito y que, de seguro, serán estas pequeñas acciones las que trasciendan en el tiempo.
 
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